Chanterai por mon corage

28 de abril de 2026 • fjbalon

Chanterai por mon corage, también conocida Chanson d'outrée es una de las chansons más conocidas del Medioevo. Algunos estudiosos y manuscritos la dan como anónima, otros la atribuyen a una tal Dame de Flayel, hecho que podría indicar que se trataría de una dama. Sea como fuera, la mayoría atribuyen la chanson al conocido Guiot de Dijon: un trouvère borgoñón de principios del siglo XIII; un poeta y compositor de la lengua de oïl, que pertenecería a los círculos aristocráticos del norte de la Francia. Poco más sabemos del trovador, al que se le atribuyen diecisiete chansons, la más famosa, la que nos ocupa.

La canción es una canción de cruzada, aunque tampoco se tiene certeza de a qué cruzada nos vincula, si a la Tercera Cruzada, de entre 1189 y 1192, de Ricardo Corazón de León y Felipe Augusto; o a la Quinta Cruzada, de entre 1217 y 1221 dirigida contra Egipto. Parece más bien la segunda debido a la posible conexión con del trovador con el círculo de Érald II de Chassenay, barón champañés que, de hecho, fue cruzado.

Lo típico en estas obras artísticas era que, como en Dame, einsi est de Thibault de Champagne, se expresara el dolor del caballero al separarse de su amada por el deber cruzado, algo muy típico en el repertorio cortés trovaderesco. Sin embargo, Chanterai por mon corage se diferencia de la costumbre, siendo un ejemplo clásico de chanson de femme: canción desde la voz de una mujer. El «yo» lírico es femenino, es la dama que canta para consolar su corazon ante la partida de su amado. Es una sutil protesta contra la ausencia del hombre por el deber, un llanto y un lamento por el que espera y una oda de amor fiel frente a la distancia y el peligro, es lealtad y anhelo.

Chanterai por mon corage
Que je vueill reconforter,
Car avec mon grant damage
Ne quier morir n’afoler,
Quant de la terre sauvage
Ne voi nului retorner
Ou cil est qui m’assoage
Le cuer, quant j’en oi parler.

Dex, quant crieront Outree,
Sire, aidiés au pelerin
Por cui sui espoentee,
Car felon sunt Sarrazin.

Soferrai en tel estage
Tant quel voie rapasser.
Il est en pelerinage,
Dont Dex le lait retorner!
Et maugré tot mon lignage
Ne quier ochoison trover
D’autre face mariage;
Folz est qui j’en oi parler!

Dex, quant crieront Outree,
Sire, aidiés au pelerin
Por cui sui espoentee,
Car felon sunt Sarrazin.

De ce sui au cuer dolente
Que cil n’est en biau voisin
Qui si sovent me tormente:
Or n’en ai ne gieu ne ris.
S’il est biaus, et je sui gente.
Sire, Dex, por quel feïs
Quant l’uns a l’autre atalente,
Por coi nos as departis?

Dex, quant crieront Outree,
Sire, aidiés au pelerin
Por cui sui espoentee,
Car felon sunt Sarrazin.

De ce sui en bone atente
Que je son homage pris,
Et quant la douce ore vente
Que vient de cel douz país
Ou cil est qui m’atalente,
Volontiers i tor mon vis:
Adont m’est vis que jel sente
Par desoz mon mantel gris.

Dex, quant crieront Outree,
Sire, aidiés au pelerin
Por cui sui espoentee,
Car felon sunt Sarrazin.

De ce sui mout decüe
Que ne fui au convoier;
Sa chemise qu’ot vestue
M’envoia por embracier:
La nuit, quant s’amor m’argue,
La met delez moi couchier
Mout estroit a ma char nue
Por mes malz assoagier.

Dex, quant crieront Outree,
Sire, aidiés au pelerin
Por cui sui espoentee,
Car felon sunt Sarrazin.
Cantaré por mi valor,
para dar consuelo al corazón,
pues con mi gran dolor
no quiero morir ni enloquecer.
De la tierra salvaje
no veo a nadie regresar,
donde está aquel que me alivia
el corazón, cuando oigo hablar de él.

Dios, cuando griten «Outrée»,
Señor, protege al peregrino
por quien tiemblo de espanto,
pues crueles son los sarracenos.

Sufriré en esta espera
hasta verle de nuevo.
Él está en peregrinación;
¡que Dios le deje regresar!
Y a pesar de todo mi linaje,
no quiero hallar ocasión
de hacer matrimonio con otro;
¡Necio es quien me lo menciona!

Dios, cuando griten «Outrée»,
Señor, protege al peregrino
por quien tiemblo de espanto,
pues crueles son los sarracenos.

De esto estoy doliente en el corazón
que aquel no está en bella vecindad
quien tanto me atormenta:
ya no hay juego ni risa.
Si él es bello y yo gentil,
Señor, Dios, ¿por qué lo hiciste?
Cuando el uno al otro anhela,
¿por qué nos has separado?

Dios, cuando griten «Outrée»,
Señor, protege al peregrino
por quien tiemblo de espanto,
pues crueles son los sarracenos.

En dulce esperanza vivo
pues yo su vasallaje acepté.
Y cuando sopla la dulce brisa
que viene de aquel dulce país,
donde se encuentra el que anhelo,
felizmente vuelvo mi rostro:
Entonces parece que lo siento
bajo mi manto gris.

Dios, cuando griten «Outrée»,
Señor, protege al peregrino
por quien tiemblo de espanto,
pues crueles son los sarracenos.

De esto estoy dolida
que no fui a despedirlo;
La camisa que había vestido
me envió para abrazarla:
De noche, cuando su amor me urge,
la pongo junto a mí en el lecho,
muy estrecha contra mi carne desnuda,
para aliviar mis males.

Dios, cuando griten «Outrée»,
Señor, protege al peregrino
por quien tiemblo de espanto,
pues crueles son los sarracenos.

Pero tan pocos versos encierran una cultura, herencia clásica y esencia medieval. Y esto me va a servir como vehículo para ver cómo era el pensamiento medieval. Desde luego, la temática es de universales: la esperanza y añoranza del amado, el dolor de la separación, la guerra y el deber, la cruzada... Dijon nos habla del arquetipo del caballero, que emprende la noble empresa de la guerra y deja atrás esposas, prometidas, amantes, hijas, hermanas, madres... Y no siempre regresan. Y no canta, como hemos dicho, con la voz del caballero sino de la esposa, de la dama.

Es un canto arquetípico, de aquella señora del caballero, esa mujer que evoca la fidelidad y esperanza de Penélope, que espera a su esposo ausente en la larga guerra, rechaza nuevos pretendientes y canta su dolor. Es también Dido, la reina abandonada por Eneas, que parte en deber guerrero. Dido canta su dolor, su furia y su lealtad. Como también es una de las diez vírgenes de la parábola del Señor, que espera el encuentro y la vuelta del Esposo, con la lámpara encendida y el ánimo con altivez y gallardía.

Nuestra dama lírica, nuestro «yo» en Chanterai por mon corage es la reina de Ítaca y la reina de Cartago, otro ejemplo de la disyunción medieval y clásica que conecta Grecia, Roma y la Cristiandad; que conecta a Homero, Virgilio y Guit de Dijon.