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1 <!DOCTYPE html> 2 <html> 3 <head> 4 <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=UTF-8" /> 5 <meta name="viewport" content="width=device-width, initial-scale=1" /> 6 <title>De la belleza de la femme</title> 7 <link rel="icon" type="image/png" href="/favicon.png" /> 8 <link rel="stylesheet" type="text/css" href="../article.css" /> 9 </head> 10 <body> 11 <header> 12 <p class="title">De la belleza de <i>la femme</i></p> 13 <p class="date">25 de julio de 2026 • fjbalon</p> 14 </header> 15 <p><i>«Una especie de terrible perfección había aparecido en las calles de Florencia»</i> escribió Charles Williams en <i>La figura de Beatriz</i>. <i>«Algo parecido a la gloria de Dios caminaba por las calles hacia él»</i>. Williams lo llama <i>«el momento beatriciano»</i>, en el que se concede una repentina e inmerecida vislumbre de las alegrías que nos pueden aguardar al otro lado de la muerte. <i>«El que ama a una mujer y lleva su vida a una realización presente en la suya propia, es capaz de mirar al tú de sus ojos y ver un rayo del Eterno Tú»</i>. Y es que la belleza que Dante ve brillar en el rostro de Beatriz no es un hechizo ni un encantamiento, aunque tiene mucho de similitud, sino la verdad real sobre ella misma: ella realmente brilla como el sol y Dante no puede escapar de su belleza, ni desea hacerlo. De hecho, la imagen de esa joven hará de Dante como guía en el Paraíso de su <i>Divina Comedia</i>, y es fundamental para comprender el significado de la obra: mientras Virgilio, símbolo de razón humana, conduce a Dante a través del Infierno y del Purgatorio, es Beatriz quien lo lleva hacia las esferas del Cielo. La salvación dantesca, asumimos, no puede alcanzarse únicamente a través del intelecto, sino que requiere de la gracia divina, el amor redentor y la belleza; que ve en el rostro de la joven Beatriz.</p> 16 <!--¿Y dónde tiene lugar todo esto? En un altar donde se ofrece sacrificio para que dos personas consagren su propio ser por el bien del otro. ¿No es esta la razón por la que tantas canciones de amor terminan mal, en frustración y dolor? Porque el amor quiere llevarnos al altar y nosotros permanecemos demasiado egoístas para ir allí. Habiendo olvidado para qué sirve un altar —que es el lugar donde algo debe morir para que otra cosa viva—, nos negamos a ir, desdeñando el don de sí por el otro.--> 17 <p>Y si lo propio del hombre es contemplar, lo propio de la mujer es ser contemplada. Y es que la mujer está más íntimamente ligada a la belleza; su esencia se revela en la gracia, en la forma y en la capacidad de encarnar lo bello de un modo inmediato y sensible. Mientras el hombre tiene una disposición natural orientada hacia la verdad mediante el ejercicio de la razón y la contemplación activa del cosmos, la mujer porta en sí misma un reflejo más directo del propio cosmos; «<i>La Creación culmina en ella</i>» que diría G.K. Chesterton. Por lo tanto la mujer es, en sí misma, un reflejo más directo de la Belleza divina y de la belleza de todo el Universo; así como materialización de la bondad de Dios para con el hombre... Como así Dante lo vio en Beatriz.</p> 18 <p>La feminidad, que no es sino su belleza, no se agota en la pasividad, sino que se realiza plenamente cuando se deja ser contemplada en su delicadeza, armonía, estética, fidelidad... Edith Stein, que después se llamó Santa Benedicta de la Cruz, definiría en <i>La Femme</i> la belleza de la mujer por su propio acto de reciprocidad, generosidad, dignidad y maternidad. Reciprocidad en su deseo de dar y recibir amor, y es que una de las aspiraciones primitivamente esenciales de toda mujer, siguiendo a Søren Kierkegaard, es la de ser amada -hecho que las hace vulnerables, delicadas, débiles en apariencia-, ser cosa divina para el varón: como madre, amada o musa -o todas al mismo tiempo-. Este hecho es raíz de gran vanidad, o de gran seriedad para la mujer, según cómo lo temple. Generosidad y entrega, pues en el alma típicamente femenina «<i>se revela sensible a las realidades personales y a la armonía</i>», la «<i>atención de la mujer se centra así naturalmente en las personas, mientras que la experiencia nos muestra que los hombres aspiran más a la eficacia externa para concentrarse en acciones objetivas</i>». El alma femenina «<i>vive con más fuerza y está más presente en todas las partes de su cuerpo. Ella se conmueve internamente por todo lo que sucede, mientras que en el hombre el cuerpo tiene más el carácter de una herramienta</i>». Y dignidad y maternidad en su estado, estamento y clase: tanto en la esposa-madre como en la virgen consagrada, la mujer tiene una intuición particular para descubrir cómo dignificarse y ennoblecerse por el amor, «<i>las mujeres buscan por naturaleza abrazar lo que es vivo, personal y completo. Amar, proteger, nutrir y educar son deseos naturales y maternales</i>».</p> 19 <p>Desde la antigüedad clásica, la poesía culta ha compuesto temas para el amor y la contemplación de la belleza de la mujer amada, así como el amor cortés que tanto ha fundamentado la cultura y la poesía medieval. Petrarca es uno de los más grandes, que se valió de elementos del amor cortés y del <i>Dolce Stil Novo</i> italiano para crear su propio estilo; que influenciaría en la literatura europea, principalmente en España, Francia, Portugal e Italia. Para este tiempo, la belleza de la mujer tiene unos elementos propios, canónicos diríamos, que definen la más alta belleza aristocrática, muestra de honor y virtud. <i>«La mi mugier tan complida»</i> (perfecta) se refería el Cid a su esposa, doña Jimena; <i>«optima, pulchra, sapiens et pudica»</i> (buena, bella, sabia y modesta) y <i>«muy hermosa»</i> era Beatriz de Suavia, mujer de Fernando III el santo.</p> 20 <p>Pero si la virtud de la mujer, su heroismo, su maternidad, su pureza y su alma, se encuentra tan cerca del cuerpo como decimos, es obvio que la estética física ha sido elemento fundamental para la historia, el arte y la naturaleza de la <i>femme</i>. El cánon de belleza ha sido siempre, desde los inicios de la civilización, núcleo del arte: para los antiguos egipcios la figura esbelta y delgada, la piel clara y los ojos grandes, así como el cabello largo y negro, son efigie y símbolo de <i>nefer</i>, belleza que es perfección, armonía y conexión con los dioses. Era Isis, esposa y madre, diosa de la fertilidad y la magia; y era el <i>Ma'at</i>: el orden cósmico, la justicia, la verdad, el equilibrio y la armonía. Gozo para los dioses y para su esposo.</p> 21 <p>Para Homero, níveos brazos (<i>leukólenos</i>) es el epíteto más común para diosas como Hera, así también para Helena, Andrómaca y Penélope. Los ojos grandes, símbolo de la hechicería y la magia divina también son características canónicas de la belleza femenina. Helena es tan bella que es «<i>terriblemente semejante a las diosas inmortales</i>», tanto que los ancianos de Troya al verla justifican la guerra: «<i>No es reproche que troyanos y aqueos sufran por tal mujer; su aspecto es terriblemente semejante al de las diosas</i>». La fiel y prudente Penélope es descrita como «<i>de hermosas mejillas</i>», y «<i>semejante a Ártemis o Afrodita</i>». La princesa feacia Nausícaa es comparada por su porte y forma de moverse a las diosas...</p> 22 <p>En el <i>Himno a Deméter</i> se describe la extraordinaria belleza de Perséfone, hija de Deméter: la doncella más hermosa, de finos tobillos y radiante como una flor en primavera. La llama <i>perikallēs</i> (bellísima), y tal belleza provoca el rapto de Hades.</p> 23 <p>Menéndez Pelayo, en <i>Historia de las ideas estéticas en España</i>, así como en sus análisis de la lírica renacentista, resume el ideal de belleza femenina como reflejo platónico y cristiano de la belleza divina, que se presenta como <i>piel de nieve</i>, <i>ojos de gacela</i> o <i>luceros</i>, <i>proporción armónica del cuerpo</i>...</p> 24 <p>Y es que el ideal de belleza realista no ha cambiado: <i>la piel tan blanca como la azuzena, el lirio o el jazmín; y tan tersa como el cristal, el mármol o el marfil</i>, y es que la pureza de la piel, sea en su color y en su tacto, siempre ha definido a la mujer fina y delicada, aristocrática y virtuosa. Los cabellos largos, sean morenos o rubios, demuestran dignidad y fortaleza; las mejillas rosadas símbolo de calidez y amor. No en vano, una de las más bellas de la literatura germánica la describen los hermanos Grimm como <i>«piel blanca como la nieve, labios y mejillas rojos como la sangre y cabello negro como el ébano»</i>, que es Blancanieves.</p> 25 <p><i>«Quien habla las cosas que el Amor le muestra», exclama el poeta Coventry Patmore, «dirá cosas más profundas de lo que sabe»</i>. Y he de reconocer que yo sé mucho de esto, pues la mujer a la que amo, la mujer que me ha sido encomendada es para mí la Beatriz que enamoró a Dante y le acompañó al Paraíso; es la perfecta esposa medieval como doña Jimena o Beatriz de Suavia, es mi Helena de Troya por la que valen las penas todas las guerras, es mi Perséfone y mi Isis. Y es que literalmente, mi bellísima mujer es de piel nívea, de porcelana; mejillas y labios color sangre, figura fina y delicada, cabello largo y castaño, presencia aristocrática. Mi mujer proviene de una pintura del pintor victoriano Herbert James Draper.</p> 26 <img src="patricia.jpg" /> 27 </body> 28 </html>