static-httpd

Sitio web estático (HTML + CSS) que sostiene el blog del autor
Log | Files | Refs

index.html (11410B)


      1 <!DOCTYPE html>
      2 <html>
      3 <head>
      4 <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=UTF-8" />
      5 <meta name="viewport" content="width=device-width, initial-scale=1" />
      6 <title>La Caballería de Cristo</title>
      7 <link rel="icon" type="image/png" href="/favicon.png" />
      8 <link rel="stylesheet" type="text/css" href="../article.css" />
      9 </head>
     10 <body>
     11 <header>
     12 <p class="title">La Caballería de Cristo</p>
     13 <p class="date">27 de junio de 2026 • fjbalon</p>
     14 </header>
     15 <p>En el libro de «<i>El Evangelio de Jesucristo</i>», de Leonardo Castellani; libro sublime donde los haya, y en la introducción que hace al <i>Evangelio de Juan</i>, toca un tema que para mí, se convirtió en pilar fundamental de mi religiosidad cuando lo leí. Y es que, como Juan Manuel de Prada, confieso que Castellani ha sido luz en las noches de la fe. Me tomo la libertad de citarlo:</p>
     16 <cita><i><p>«Mas cualquiera que lee con un poco de intuición psicológica el Evangelio de San Juan, tiene la impresión neta de que ésa es una misma mujer: sus gestos son iguales a sí mismos; que es la impresión que ha tenido durante siglos la Iglesia. Hay un exquisito drama discretamente velado detrás de esos episodios sueltos, y su hilo psicológico es visible. <span class="subrayado">Cristo se dio el lujo de salvar a una mujer, que es la hazaña por antonomasia del caballero</span>, no sólo salvarle la vida, como San Jorge o Sir Galaad, sino <span class="subrayado">restablecerla en su honor y restituirla perdonada y honorada a su casa, con un nuevo honor que solamente Él pudiera dar</span>. En la caballería occidental, los dos hechos esenciales del caballero son combatir hasta la muerte por la justicia y salvar a una mujer: “<i>defender a las mujeres y no reñir sin motivo</i>”, que dice Calderón [...]. Cristo hizo los dos; y siendo El lo más alto que existe, su “dama” tuvo que ser lo más bajo que existe, porque sólo Dios puede levantar lo más bajo hasta la mayor altura; que es Él mismo.</p>
     17 <p><span class="subrayado">Cristo ejerció la más alta caballería</span>. Los románticos del siglo pasado y los delicuescentes del nuestro tienen una devoción morbosa por la Magdalena; pero no precisamente por <a href="magdalena-penitente-tintoretto.jpg">la Penitente</a>, que el Tintoretto pintó con toda la gama de los gualdas en su hórrida cueva de solitaria, sino por la otra, por la mujer perdida, por la traviata o la dama de las camelias; de la cual han hecho un tema literario bastante estúpido [...]. Pero todos estos filibusteros, o fili-embusteros, de la Magdalena no saben mucho, de la caballería menos, y del amor a Cristo absolutamente nada. “¡Cristo se enamoró de una mujer!” -dicen muy contentos-. “¡Qué humano!”. Sí. Cristo se enamoró perdidamente de la Humanidad perdida; y la vio como en cifra en una pobre mujer, sobre la cual vertió regiamente todas sus riquezas. Así pues Cristo fue con María de Magdala -y con la Humanidad perdida que ella representaba- simplemente justo, hablando en ley de amor; e infinitamente generoso, dadivoso y pródigo, hasta la locura, hablando en ley de temor...»</p><p></p></i></cita>
     18 <p>Si se mira bien, diría Castellani, ser caballero no es ser inmensamente únicamente generoso, sino más ser simplemente justo. Siguiendo un poco la estela de Søren Kierkegaard, una de las aspiraciones primitivamente esenciales de toda mujer es la de ser adorada por un hombre, ser una cosa divina para el varón: como madre, amada o musa. Este hecho es raíz de máxima vanidad, o de máxima seriedad de la mujer, según cómo se temple. Pues bien, Cristo dio a la Magdalena su pleno derecho: «<i>Siendo Dios, y sin descender un punto, puso a una mujer allí donde ella quiere -y tiene derecho a- ser puesta, a una mujer perdida; es decir, presa de la desesperación; pues no hay desesperación concebible como la de amar mucho -según de ella atestiguó el Señor- sin tener objeto que se ame: digno de ser infinitamente amado y capaz de corresponder infinitamente</i>». Y es que la mujer está íntimamente ligada al caballero, como diría el canónigo Emilio Enciso Viana: «la caballerosidad es el culto a la dignidad de la mujer nacida de la religión».</p>
     19 <p>Por otro lado, C.S. Lewis en «<i>The Necessity of Chivalry</i>» describiría al caballero como «<i>un hombre de sangre y hierro, un hombre familiarizado con la visión de rostros destrozados y los muñones irregulares de miembros amputados; también es un huésped recatado, casi virginal, en el salón, un hombre gentil, modesto, discreto. No es un compromiso o una feliz media entre la ferocidad y la mansedumbre; es feroz hasta el enésimo grado y manso hasta el enésimo grado.</i>». Hecho verdaderamente admirable del caballero, que me recuerda a otra de las citas de Castellani al respecto de Nuestro Señor:</p>
     20 <cita><i><p><span class="subrayado">Todos los nombres proféticos que Cristo se aplicó explícitamente son dulces, mansos y amorosos</span>; parecería que, aunque no los niega, no le gustan los nombres pujantes y terribles, que también son verdaderos, como los de <span class="subrayado">Pujanza de Dios, Hombre-Montaña, León de Judá, o el Rey de Reyes y Señor de los Ejércitos del Apokalypsis y del profeta Daniel armado de espada bífida y montado en un caballo blanco overo de sangre enemiga hasta el ijar</span>. Hizo parábolas acerca de ese Rey: una especie de temible sultán, que bruscamente aplica castigos tremendos por una desobediencia en apariencia fútil, como la de venir a su Convite sin vestido de bodas; o el castigo de destruir a sangre y fuego ciudades enteras que no aceptan su dominación. Pero nunca añadió: <span class="subrayado">“Yo soy ese Rey.” Parecería que un divino pudor se lo vedaba.</span></p><p></p></i></cita>
     21 <p>Y es que, Nuestro Señor se llamó a sí mismo y sin ningún tipo de ambüiedad «<i>El Buen Pastor</i>» (Juan 10), así como la <i>Parábola del Pastor y el Mercenario</i>. Pastor es el principal de los nombres que los profetas dieron del Cristo, del Ungido de Dios. Aun cuando lo llaman Rey, aluden de hecho a su condición de Pastor: y es que los antiguos llamaban a los reyes <i>pastores de pueblos</i>, como vemos con Homero. «<i>Los Apóstoles Pablo y Pedro llaman a Cristo en sus epístolas el “Gran Pastor” y el “Protopastor” o “Príncipe de los Pastores, como traduce la Vulgata latina.</i>» Mucho pudiéramos extendernos acerca de las cualidades de Nuestro <i>Pastor Hermoso</i>, que es la palabra exacta que utilizó Cristo: kalós, que significa hermoso, no agathós, que significa bondadoso; pero más que Cristo no podemos decir: «<i>Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas</i>». Así también tenemos una descripción profundísima del Buen Rey, y el Buen Caballero: el que da la vida por los suyos.</p>
     22 <p>Hay más, por supuesto; pero creo que se detecta más fácil por su negativo: ¿qué será un mal caballero? ¿un mal rey? ¿un mal pastor?: las notas que Cristo da para los malos pastores son estas:</p>
     23 <cita><i><p>«1) No son de ellos las ovejas; 2) no las conocen una a una por su nombre; 3) ellas no los siguen y se apartan de ellos; 4) no les importa mucho de las ovejas; 5) si ven venir al lobo, disparan; 6) lo que quieren es medrar o lucrar con las ovejas y aun a costa de ellas; 7) no hay el menor peligro que vayan a morir por sus ovejas. Y en otro lugar dijo que en el fondo son ladrones, que no entran en el redil por la puerta sino saltando la ventana, y que son como lobos disfrazados de ovejas –o de carneros–».</p><p></p></i></cita>
     24 <p>Y es que Cristo es muy severo con los malos reyes, los que no se hacen caballero, los malos gobernantes. Aludiendo a la costumbre de los pastores palestinos de ponerse una chaqueta de piel de oveja (zamarra) para hacerse seguir por el olor; así Él se puso una zamarra de nuestra carne para que lo siguiéramos; pero en Él no es disfraz, sino realidad. Así como también Ezequiel en XXXIV, 1, profetizó:</p>
     25 <cita><i><p>«Por tanto, oíd, pastores, la palabra de Yavhé: “Estoy contra los pastores, para reclamarles mis ovejas. No les dejaré ovejas a apacentar, a esos que se apacientan a sí mismos. Les arrancaré hasta de la boca las ovejas, que no sean más pasto suyo.” Porque esto dice el Señor Yavhé mismo: “Yo mismo las iré a buscar, yo reuniré mis ovejas».</p><p></p></i></cita>
     26 <p>Así, la vocación de servicio del caballero, íntimamente ligada a la buena y santa monarquía y a la verdadera religión; como diría Raimundo Lulio en el «<i>Llibre de l'Orde de Cavalleria</i>», Dios elige a los mejores para que gobiernen y protejan; hagámosnos los mejores, en virtud y fuerza. El caballero, como Cristo, es manso y siervo; pero también, como Cristo, es severo y armado. La causa del caballero es la de defender la fe cristiana, es proteger a los débiles, las mujeres y a la Iglesia; es mantener la justificia y castigar a los malhechores; y es servir a su señor con lealtad. Y nuestro máximo Señor no es sino el Rey de Reyes y Señor de Señores. Por eso, incluso hoy, no hay caballero sin Señor.</p>
     27 <p>Y en imitación de Cristo, nuestro Buen Pastor y Buen Señor: conozcamos a nuestras ovejas, a los nuestros; seamos buen servicio para ellas y hagamos que nos sigan por la virtud y la protección; defendámoslas con la vida, si es preciso; protejamos a la mujer, en su honor y restauración de la virtud.</p>
     28 <p>Seamos uno de esos caballeros de blanca vestidura que siguen al Cordero, como vio el Evangelista Juan en Apokalypsis XIX:</p>
     29 <img src="queen-mary-apocalypse.jpg" />
     30 <cita><i><p>[...] Va envuelto en un manto empapado en sangre, y es su nombre «el Verbo de Dios». Lo siguen las tropas del cielo sobre caballos blancos, vestidos de lino blanco y puro. Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, pues él las regirá con vara de hierro y pisará el lagar del vino del furor de la ira de Dios todopoderoso. En el manto y en el muslo lleva escrito un título: «Rey de reyes y Señor de señores». Vi un ángel de pie sobre el sol, que gritó con una gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan por mitad del cielo: «Venid, reuníos para el gran banquete de Dios; comeréis carne de reyes, carne de generales, carne de poderosos, carne de caballos y de jinetes, carne de hombres de toda clase, libres y esclavos, pequeños y grandes». Vi a la bestia y a los reyes de la tierra con sus tropas, reunidos para hacer la guerra contra el jinete del caballo y su ejército. Fue hecha prisionera la bestia y con ella el falso profeta, el que hacía signos en su presencia, con los que extraviaba a los que llevaban la marca de la bestia y adoraban su imagen. Los dos fueron arrojados vivos en el lago de fuego que arde en azufre. Y los demás fueron muertos por la espada que salía de la boca del jinete del caballo. Y todas las aves se hartaron de su carne.</p><p></p></i></cita>
     31 <p>La imagen pertenece al <i>Apocalipsis de la Reina María</i> (<i>Queen Mary Apocalypse</i>), manuscrito inglés de entre 1300 y 1325, conservado en la <i>British Library</i>, en la que se observa un grupo de caballeros siguiendo a Cristo, en una reconocible escena apocalíptica, a la que llegaremos más adelante.</p>
     32 <!--
     33 Leonardo Castellani
     34 Soren Kierkegaard
     35 C.S. Lewis
     36 Raimundo Lulio
     37 -->
     38 </body>
     39 </html>