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     12 <p class="title">El caballo de Turín (2011), de Béla Tarr</p>
     13 <p class="date">4 de diciembre de 2023 • fjbalon</p>
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     15 <p>Obra maestra de Béla Tarr que emerge como una sinfonía visual que encuentra belleza en la cotidianidad de la miseria del ocaso del tiempo. Tarr pinta cuadros donde la luz y la sombra se entrelazan, grabado como no podría ser de otro modo en blanco y negro, transformando cada fotograma en una obra de arte impresionista y pictorialista. Cada instante de la película parece ser una fotografía de Henry Peach Robinson.</p>
     16 <p>Sin embargo, tenga en cuenta el espectador que el uso del tiempo que emplea Tarr no es, para nada, convencional. El tiempo es un elemento omnipresente y excesivamente realista en su obra, caracterizada por largos y aburridos planos secuencias que se deslizan lenta y reflexivamente, en los que, efecitvamente, no ocurre prácticamente nada (lo que promueve al espectador sumergirse en cada detalle, cada gesto...). Éstas pueden resultar soporíferas para muchos, de nuevo evocando a la inmovilidad de la fotografía; más aún cuando apenas hay texto ni doálogo y la banda sonora se torna repetitiva, contribuyendo a crear aquella atmósfera apocalíptica, pero no parusíaca. Una experiencia única en la que, como aquel ruso, Tarr esculpe en el tiempo.</p>
     17 <img style="width: 80%;" src="resources/caballo-turin.jpg" />
     18 <p>En este contexto apocalíptico, Dios parece haber abandonado a la Creación a su suerte; un mundo que el hombre, en su soberbia, ha rechazado. Si Dios da la espalda al mundo, como afirmaría el filósofo loco; si la Divinidad y lo sagrado abandona el mundo, ¿dónde irá la humanidad? A la deriva hacia la oscuridad de la nada, del vacío. Así torna una filosofía nietzscheana: consecuente nihilista, suicida y desoladora.</p>
     19 <p>La desolación es palpable a través de la fotografía y del tiempo. Los sellos han sido abiertos, y no hay visión alguna de la marca del Cordero. La condena será la rutina monótona, vacía y desesperada de unos protagonistas que tratan, ya no de sobrevivir, pues el propio instinto natural les ha abandonado a él y a los animales; sino de permanecer eternamente en elementos como el viento furioso y la tormenta de polvo, productos del desmoronamiento de un mundo que se precipita voluntariamente hacia el abismo.</p>
     20 <p>Todo queda en ausencia: el agua, la luz y el calor huyen del mundo. El animal está cansado de no tener voz, de que el hombre no sea su verbo; por ello grita en silencio y se subleva contra el hombre. Niestzche quizá lo vio en sus ojos en aquel curioso hecho de Turín que vehicula la cinta y de su descenso final a la locura; ¿acaso no es la locura la única salida posible ante la espaldas a Dios? ¿o mejor hubiera sido el suicidio?. Nietzsche es el profeta del apocalipsis, el que anticipa la caída de la Civilización, la caída de Roma. Por eso los gitanos, sin ley, huyen a América ¿el séptimo imperio innominado que habrá de durar poco tiempo?. Alrededor todo es noche y niebla; es ausencia. No está Dios. ¿O acaso está al llegar?.</p>
     21 <p>Es la poesía del condenado, grito silencioso del alma desalentada, pretendiendo lavar sus vestiduras. Hay belleza en la miseria porque hay alma. No es cine para todos, pero aquellos dispuestos a sumergirse en la contemplación del tiempo y la desesperanza apocalíptica, a las consecuencias de la filosofía nihilista de «este patético esperma de Lucifer», como se referiría León Bloy a Nietszche; encontrarán en esta obra un viaje cinematográfico cuanto menos interesante.</p>
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