static-httpd

Unnamed repository; edit this file 'description' to name the repository.
Log | Files | Refs

index.html (9965B)


      1 <!DOCTYPE html>
      2 <html>
      3 <head>
      4 <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=UTF-8" />
      5 <meta name="viewport" content="width=device-width, initial-scale=1" />
      6 <title>Reductio ad absurdum Darwin</title>
      7 <link rel="icon" type="image/png" href="/favicon.png" />
      8 <link rel="stylesheet" type="text/css" href="../article.css" />
      9 </head>
     10 <body>
     11 <header>
     12 <p class="title">Selección natural y mutaciones</p>
     13 <p class="date">2 de diciembre de 2020 • fjbalon</p>
     14 </header>
     15 <p>La selección natural es el mecanismo propuesto por Charles Darwin que explicaría la transición de mono a hombre y de todas las especies animales y vegetales del planeta. Para muchos, es el pilar fundamental en el que se sostiene toda su hipótesis y se erige como uno de los mantras y dogmas más inatacables del evolucionismo. Sin embargo, no se sostiene en lo más mínimo a un análisis estético, que no provoca más que confusión.</p>
     16 <p>Para empezar, no existe una definición clara: se le relaciona con reproducción diferencial, en cuanto a que los más aptos tienen mayor descendencia y son favorecidos por la ésta, mientras que los menos aptos tienen menor descendencia y son eliminados; pero, ¿cuál es el criterio de aptitud?. Los más aptos tienen mayor descendencia porque son más aptos, la tautología (Conrad Hal Waddington) y el oxímoron (Emilio Cervantes) son obvios, y degenera en un vocablo con incompetencia semántica que prolifera por su indiscutible utilidad para la ingeniería social.</p>
     17 <p>Al igual pasa con la denominación propia de 'selección', pues para seleccionar (elegir, preferir) es imprescindible una inteligencia que discierna. Al decir selección natural estamos atribuyendo a la naturaleza propiedades que no tiene, «la estamos 'humanizamos' al modo en que lo hacen las religiones primitivas o las películas de Walt Disney» (Juan Manuel de Prada). Sin embargo, no se trataría sólo de un problema definitorio, sino que arrastra un inexistente rigor científico, algo obvio, pues no se puede observar, ni determinar la intensidad, ni predecir sus efectos, ni reproducir en laboratorio, ni mucho menos definir. Desde el punto de vista científico no se puede más que decir que la selección natural no existe, no es pues sino una metáfora filosófica para postular que unos viven más que otros, y esto ha defendido el mismo Darwin con «en el sentido literal de la palabra, la Selección Natural es un término falso»<sup>1</sup>, ¿parece ser que Darwin no era tan darwinista al fin y al cabo?. De ahí que el propio Darwin reconozca que es más apropiado hablar de «supervivencia de los más aptos», hecho evidente que, sin embargo, sigue sin explicar el mecanismo que 'selecciona', tampoco de qué manera se transformarían los más aptos, hasta conformar otra especie.</p>
     18 <p>No obstante, la selección natural, aun usada en sentido metafórico, indica la acción (imprecisa, aleatoria, no determinable ni cuantificable) de un conjunto de factores naturales, que hace que los seres vivientes permanezcan fieles a su tipo, eliminando a los que se desvíen de él -y siendo éste el sentido correcto de la expresión (Edward Blyth)- y sufriendo pequeñas variaciones en función del entorno. Este hecho ha sido así relegado a un concepto absolutamente erróneo (George G. Simpson, Maynard Smith, George Christopher Williams, Richard Lewontin, Richard Leakey).</p>
     19 <p>La realidad es que la selección natural no tiene propiedades 'creativas'. No puede crear órganos ni funciones nuevas, mucho menos especies nuevas. La genética también así lo demuestra, rigurosamente programada a nivel de código genético, determinando el conjunto de información hereditaria que se transmite a la descendencia haciendo, de forma inexorable e indiscutible, que un ser vivo sólo pueda engendrar otro ser vivo de su misma especie, y absolutamente ninguna otra cosa. Para que un ser vivo pudiera engendrar otro ser vivo esencialmente distinto, habría que cambiar totalmente su código genético. Y la selección natural actúa (en metáfora, se entiende) sobre organismos ya formados y no sobre sus genes, o dicho más biológicamente aceptable, actúa sobre el fenotipo, no sobre el genotipo.</p>
     20 <p>Actuando -por ejemplo- sobre los monos, la selección natural no haría más que 'quedarse' con los monos más aptos: los más fuertes, los más fecundos o los más resistentes a enfermedades; es decir, haría que los monos fuesen cada vez más monos. Desde el propio punto de vista evolucionista, el mono sería incluso un ser superior al hombre en cuanto tiene más capacidades y aptitudes para la supervivencia del hombre.</p>
     21 <p>Así que vemos cómo la selección natural actúa, ratifico, como fuerza estabilizadora y conservadora de especies, permitiendo la supervivencia manteniéndolas fieles a su tipo. No advertimos capacidad alguna de transformar una especie en otra. Y es que las características de todo organismo están bien programadas hasta el último detalle a través de su información genética, que se transmite de los progenitores a sus descendientes (siempre de la misma especie). Para que pudiera darse que un animal engendrara otro completamente distintos, habría que alterar por completo esa información genética, pero la selección natural no actúa sobre los genes, sino sobre organismos ya formados.</p>
     22 <p>Es entonces que se argumenta la presencia de las mutaciones; alteraciones al azar en la composición química de los genes, concretamente en el ADN, donde se codifica la información hereditaria. Ahora bien, en una estructura compleja (y esto lo sabemos bien desde la computación y la ingeniería de sistemas), un cambio al azar tiende inevitablemente a deteriorarla e inestabilizarla. Para mejorarla, debe haber aumento de orden, y esto, por definición, es contrario al azar; se requiere voluntad: inteligencia.</p>
     23 <p>Es por ello que prácticamente todas las mutaciones estudiadas son dañinas, perjudiciales, deteriorativas o letales; en el mejor de los casos neutras -o bien porque el gen alelo suple la función del gen dañado por mutación, o bien porque el cambio ha sido insignificante-.</p>
     24 <p>Las supuestas mutaciones favorables de que hablan algunos científicos, no son casi nunca verdaderas mutaciones; son solamente una manifestación de la vitalidad genética que tiene todo organismo, que hace que, en determinadas circunstancias, se expresen genes que a estaban presentes -aunque reprimidos- porque su funcionamiento no era necesario (Raúl Osvaldo Leguizamón). Pero aun en el caso de que existieran mutaciones favorables, con eso no hacemos absolutamente nada. Pues la hipótesis evolucionista necesita, imprescindiblemente, transmutaciones (que no mutaciones favorables), es decir, mutaciones creativas, capaces de producir novedades biológicas (ojos, plumas, sangre caliente, etc.), que expliquen la aparición de las distintas especies biológicas, desde la ameba al hombre. La imposibilidad de que las mutaciones azarosas puedan producir tan siquiera un órgano nuevo, se deriva fundamentalmente de su carácter generalmente perjudicial y de su escasa frecuencia. Además, para poder transmitirse a la descendencia, tienen que afectar a las células germinales y ser dominantes, es decir, prevalecer sobre el gen alelo, para tener algún efecto. Todo esto disminuye aún más su frecuencia.</p>
     25 <p>Para contraargumentar aún más la hipótesis darwinista, destacar que ésta no tiene lugar en sus esquemas para el concepto de organismo, es decir, el conjunto de estructuras que forman y funcionan como un todo, un único sistema. Heredera, al fin y al cabo, del mecanicismo cartesiano, la hipótesis evolucionista piensa en términos de partes, en modificación por partes que, al sumarse, producirían su transformación en otro organismo.</p>
     26 <p>Y aún así, si a pesar de ello se favoreciese, a lo largo de cambios mínimos y azarosos durante el tiempo que sea necesario, no tendríamos sino una especie malformada, que no sería eficiente en su entorno (lo que la propia selección natural desmontaría). Imagínese una especie de pez, que durante x millones de años arrastrase unos pulmones a medio formar (y sin una causalidad para ello, claro), algo completamente inútil para él, y en naturaleza, lo inútil es perjudicial. Para producir un ojo, por ejemplo, todas las mutaciones tendrían que afectar el conjunto de genes que rigen esta función. Ahora bien, esto plantea una imposibilidad estadística absoluta (Émile Borel, C. Guye, Lecomte du Nüuy, G. Salet...). Todas estas estructuras, o aparecen simultáneamente y en estado de plena perfección, o no sirven para nada; por el contrario, son un estorbo para la supervivencia. Y no tenemos absolutamente ningún ejemplo natural hoy día, de animal o ser a medio formar, todos están perfectamente formados y de forma eficiente, ¿acaso estamos en el fin de la evolución? ¿ya no aplica por alguna razón?.</p>
     27 <p>«Y para que esto suceda, tiene que cambiar todo el código genético, en forma simultánea y sin un solo error. Para ello debería ocurrir una mutación gigantesca, un reordenamiento radical de todo el código genético, dirigido y especificado hasta en los más mínimos detalles, para producir un ser viviente capaz de funcionar, esto es, de vivir. Lo cual constituye un milagro más grande que resucitar un muerto.» (Otto Schindewolf). «Es absolutamente imposible explicarla [la evolución] mediante el mecanismo de las mutaciones» (Richard Goldschmidt, publicado en el libro The Material Basis of Evolution y el artículo American Scie., 40:97, 1952; ambos de un rigor científico ejemplar. Nadie ha sido capaz aún de refutar las sus conclusiones respecto de las mutaciones).</p>
     28 <p><sup>1</sup> On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life, On the Origin of Species, 4th Chapter</p>
     29     
     30 </body>
     31 </html>