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      6 <title>El séptimo sello (1957), de Ingmar Bergman: memento mori</title>
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     12 <p class="title">El séptimo sello (1957), de Ingmar Bergman: memento mori</p>
     13 <p class="date">17 de noviembre de 2022 • fjbalon</p>
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     15 <p>Voy a empezar indicando lo que no me gusta de esta obra, que básicamente se resume en la visión protestante-ilustrada de mostrar la Edad Media mediante sus típicos tópicos. Los hombres que hablan no son medievales, son hombres modernos colocados en el medievo. Especialmente poniendo el ojo en Jöns, el escudero escéptico que no quiere creer, un hombre cuyo existencialismo barato y escepticismo no podría ser propio sino de un sueco de 1957. De hecho, la cinta es un teatro estéticamente medieval, pero que muestra ese pensamiento protestante eurupeo de mediados del siglo XX.</p>
     16 <p>Sin embargo, nada de lo anteriormente expuesto puede obnubilar el juicio que se debe dar a esta obra tan personal, de una fotografía e imagen de potencia emocional, con la teatralidad y el juego de cámaras tan propio de Ingmar Bergman, acrecentando el rostro de sus personajes y, a consecuencia, su alma.</p>
     17 <p>De hecho, en su prólogo a la publicación del texto del guion, Bergman enfatizó que la película no es un intento de pintar una imagen realista de Suecia en la Edad Media, sino «un intento poético que transpone las experiencias de vida de un hombre moderno de una forma muy laxa a las realidades medievales». Y es algo evidente.</p>
     18 <p>Cada personaje que introduce, aunque caricaturesco, es una postura de vida -y muerte- distinta. El caballero en desánimo y crisis de fe, el escudero irreverente y escéptico, la adúltera y su marido bobalicón, la chica muda y sin nombre, el matrimonio de juglares y la esposa del caballero, paciente y altiva. Cada uno responde a la muerte en su postura, pero todos caen ante tan enorme Señora -excepto los titiriteros que sobreviven a ella (o más bien, alargan su encuentro algo de tiempo, pues la única certeza es la muerte)-.</p>
     19 <p>La gallardía y prestancia de la esposa del caballero y la muchacha muda se tercian ante la muerte, como «Noble Señora» a la que plantan cara con dignidad. El herrero, que incluso ante tal soberana presencia no hace más que justificar a su señora, que espera en silencio. Y finalmente el caballero, que reza humildemente en contraposición de la soberbia, serenidad e irreverencia del escudero. «Ya marchan todos a la oscuridad [de la muerte]». Ya marchan pues, en danza macabra al sonido de Palästinalied, hacia la oscuridad de la muerte. «Como te ves me vi, como me ves te verás, recuerda que morirás».</p>
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