static-httpd

Unnamed repository; edit this file 'description' to name the repository.
Log | Files | Refs

index.html (30900B)


      1 <!DOCTYPE html>
      2 <html>
      3 <head>
      4 <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=UTF-8" />
      5 <meta name="viewport" content="width=device-width, initial-scale=1" />
      6 <title>Teología de la Historia: Ergo rex es tu?</title>
      7 <link rel="icon" type="image/png" href="/favicon.png" />
      8 <link rel="stylesheet" type="text/css" href="../article.css" />
      9 </head>
     10 <body>
     11 <header>
     12 <p class="title"><i>Ergo rex es tu?</i></p>
     13 <p class="date">20 de junio de 2023 • fjbalon</p>
     14 </header>
     15 <p>Basándome en la estructura propuesta por Barraycoa en <i>La Monarquía en la Teología de la Historia</i>, que utiliza como base para desarrollar el carácter político del Reino de Cristo, y también del Anticristo. La estructura propuesta presupondrá que el lector conoce conceptos de la Teología de la Historia tales como el <a href="../teologia-historia-kathejon/">kathejon</a> o el controvertido <a href="../teologia-historia-milenarismo/">milenismo</a>, así como de elementos exegéticos como el <i>typo</i> y <i>antitypo</i>.</p>
     16 
     17 <cita>
     18 <p>«Pilato le dijo: "Entonces, ¿tú eres rey?". Jesús le contestó: "Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz".»</p>
     19 <p>Jn. 18, 37</p>
     20 </cita>
     21 <p>Ante la pregunta de Pilatos, «Entonces, ¿tú eres rey?», «Ergo rex es tu?» y la respuesta afirmativa de Cristo, no podemos sino ver un <i>tipo</i>; no se permite lectura alegórica, más que literal y anagógica, cuya dimensión se hallaría en el <i>antitipo</i>, que correspondería al Reino mesiánico anunciado por los Profetas y el mismo Cristo. El que iba a ser expuesto como <i>Ecce homo</i>, en su humanidad y sin rastro aparente de divinidad, era verdaderamente Rey, en cuanto que hombre. El que vendrá a reinar y juzgar a las naciones seguirá siendo Rey.</p>
     22 <p>La doctrina pontificia, enriquecida por Pío XI en <a href="https://www.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_11121925_quas-primas.html"><i>Quas primas</i></a>, es inequívoca al respecto:</p>
     23 
     24 <cita>
     25 <p>«Ha sido costumbre muy general y antigua llamar Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, a causa del supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así se dice que reina en las inteligencias de los hombres, no tanto por el sublime y altísimo grado de su ciencia, cuanto porque Él es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de Él y recibir obedientemente la verdad. Se dice también que reina en las voluntades de los hombres, no solo porque en Él la voluntad humana esta entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobilísimos propósitos. Finalmente, se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres, porque con su supereminente caridad (<a class="element">Ef. 3,19<span class="info">«Comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios.»</span></a>) y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie -entre todos los nacidos- ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús. Mas, entrando ahora de lleno en el asunto, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey; pues solo en cuanto hombre se dice de Él que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino (<a class="element">Dn. 7,13-14<span class="info">«Y te amará, te bendecirá y te multiplicará. Bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tus tierras, tu trigo, tu mosto y tu aceite, las crías de tus reses y el parto de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres darte. Serás bendito entre todos los pueblos; no habrá estéril ni impotente entre los tuyos ni en tu ganado.»</span></a>)  porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.»</p>
     26 <p><i>Quas primas</i>, <i>Pío XI</i> sobre la Fiesta de Cristo Rey</p>
     27 </cita>
     28 <p>Así el Santo Padre Pío XI no sólo señala que la realeza de Cristo, no sólo se significa en lo espiritual, sino también en lo temporal, y en los individuos y las sociedades. La negación que ha de sufrir la verdadera Realeza de Cristo, y por lo tanto, su Reino, ya se encuentra esbozada de muchas formas desde el Antiguo Testamento. Pero hemos de estar muy atentos, como reza Javier Barraycoa, pues esta negación puede adquirir falsamente la misma forma de lo que se pretende negar. El argumento y ejemplo más contundente al respecto podría ser cuando el pueblo judío le pide a Dios un Rey, viendo Dios en ello un acto de rebeldía:</p>
     29 
     30 <cita>
     31 <p>«Se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Ramá, donde estaba Samuel. Le dijeron: "Tú eres ya un anciano y tus hijos no siguen tus caminos. Nómbranos, por tanto, un rey, para que nos gobierne, como se hace en todas las naciones". A Samuel le pareció mal que hubieran dicho: "Danos un rey, para que nos gobierne". Y oró al Señor. El Señor dijo a Samuel: "Escucha la voz del pueblo en todo cuanto te digan. No es a ti a quien rechazan, sino a mí, para que no reine sobre ellos. Según han actuado, desde el día que los hice subir de Egipto hasta hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, así hacen también contigo. Escucha, pues, su voz. Pero adviérteles con claridad y exponles el derecho del rey que reinará sobre ellos".»</p>
     32 <p>I Sam. 8, 4-7</p>
     33 </cita>
     34 <img style="width: 50%; float: left; filter: sepia(30%); margin-right: 1em;" src="resources/samuel-david.jpg" />
     35 <p>Esta queja de Dios se podría aplicar igualmente cuando Jesús se refiere a sí mismo en una parábola y sus enemigos exclaman: «No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros» (<a class="element">Lc. 19, 14<span class="info">«Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”.»</span></a>). De esta exposición surge una paradoja asombrosa: realmente, el Pueblo de Israel no quiere una monarquía en sentido real (cuya autoridad se funda en Dios mismo) y que se someta al Principio de Autoridad. Santo Tomás de Aquino en <i>De Regno, I, 1.</i> especifica que el sentido más genérico de «qué se entiende por la palabra Rey», tiene su trasfondo sustancial en la necesidad del hombre de ser regido, de tal forma que podamos alcanzar los fines propios y legítimos, siendo que la sola razón no puede: «el hombre necesita alguien que lo dirija a su fin». Lo que realmente clama el Pueblo de Israel es ser como <i>las demás naciones</i>, que en este contexto significa ser idólatras. La petición de una monarquía -condición material para que advenga el Mesías prometido- no es más que que la «estrategia» para que la soberbia de su petición no sea «tan evidente» a los ojos de Dios. Siendo la monarquía un bien en sí mismo, la intencionalidad del pueblo no lo es.</p>
     36 
     37 <cita>
     38 <p> «Por ello si el arte imita a la naturaleza [...] necesariamente también en la sociedad humana lo mejor será lo que sea dirigido por uno.»</p>
     39 <p><i>De Regnum</i>, Santo Tomás de Aquino</p>
     40 </cita>
     41 <p>En otras palabras, el Pueblo de Israel, en este hecho, busca fundamentar su gobierno en sí mismo y no en Dios. Pero dicho pecado sólo puede realizarse desde una apariencia de bien, ya que, como señala Santo Tomás «El bien es todo aquello que es apetecible» (Summa theologiæ, I, 48, 1, Santo Tomás de Aquino): en principio, la monarquía para Israel es un bien apetecible y legítimo, pero desordenado por la voluntad de los que la solicitan.</p>
     42 <p>Como bien reflexiona Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica:</p>
     43 
     44 <cita>
     45 <p>«A Él es a quien principalmente debemos ligarnos como a principio indeficiente, a Él debe tender sin cesar nuestra elección como a fin último, perdido por negligencia al pecar, y Él es también a quien nosotros debemos recuperar creyendo y atestiguando nuestra fe.»</p>
     46 <p>Summa theologiæ, II-II, 81, 1, respondeo, Santo Tomás de Aquino</p>
     47 </cita>
     48 <p>La monarquía que desean los judíos no atiende a dicha ordenación a Dios -virtud de religión-, como el mismo Dios reconoce. La virtud de religión no sólo se aplica a Dios, sino al prójimo:</p>
     49 
     50 <cita>
     51 <p>«Por el hecho de ser correlativos los nombres de siervo y señor, donde hay una razón propia y especial de señorío, necesariamente tiene que haber una razón propia y especial de servidumbre. Ahora bien: es evidente que el señorío le pertenece a Dios por una razón propia y singular, a saber: por ser Él quien hizo todas las cosas y por tener el principado supremo sobre todo lo creado. Por tanto, se le debe especial servidumbre, y a tal servidumbre en griego se la designa con el nombre de latría. De donde se sigue que, hablando con propiedad, pertenece a la religión.»</p>
     52 <p>Summa theologiæ, II-II, 81, 1, objeción 3, Santo Tomás de Aquino</p>
     53 </cita>
     54 <p>Siendo que la relación siervo-Señor nunca puede invertirse y se sustenta en el conocimiento de Dios como fuente de toda autoridad, sea en una monarquía, sea en una democracia. Dicha tesis queda apoyada magisterialmente por el Santo Padre Pío XII:</p>
     55 
     56 <cita>
     57 <p>«Una sana democracia, fundada sobre los inmutables principios de la ley natural y de las verdades reveladas, será resueltamente contraria a aquella corrupción que atribuye a la legislación del Estado un poder sin freno ni límites, y que hace también del régimen democrático, no obstante las contrarias pero vanas apariencias, un verdadero y simple sistema de absolutismo.»</p>
     58 <p>Radiomensaje de Navidad, Pío XII, 1944</p>
     59 </cita>
     60 <p>La monarquía que proponen los judíos a Samuel, es en esencia el equivalente a lo que desde el Magisterio de la Iglesia se ha denominado democracia atea, siendo que el Pueblo de Israel querría un rey, no para ser siervo de un señor, sino para liberarse de la servidumbre del Señor y evitar la <i>latría</i> que le debían. Dicho acto pervierte el valor de la monarquía, que se convierte en instrumento para la idolatría. Este reino sin verdadero Rey lo podemos tomar como <i>tipo</i> del <i>antitipo</i> que representaría el rechazo de los judíos al Mesías, y en el fondo, al mismo rechazo que caracteriza al sionismo contemporáneo, que inmanentiza la idea mesiánica y la encarna en el Estado de Israel.</p>
     61 <p>Dicho esto, ¿significa que Dios no quería que el Mesías fuera Rey y, por tanto, mantener al Pueblo de Israel bajo una teocracia profética y bajo los jueces? Esto es cuestionable, pues la propia palabra Mesías -ungido- implica por sí misma realeza. Además, una de las funciones de los profetas era la de ungir reyes, lo que haría absurdo que Dios otorgara tal función si nunca fuera necesaria. Por otro lado, Dios accedería a la petición idolátrica de Israel pues, en la economía de la Salvación, el Reino tendría un lugar principal, siendo que el Mesías ha de ser Profeta, Sacerdote y Rey verdadero; pero no cómo lo quisieran los gentiles o los judíos, sino bajo su propia Voluntad. Por eso, la dinastía que empieza con Saúl muere con él mismo, y será por la unción de David que empieza la dinastía mesiánica.</p>
     62 <img style="width: 30%; float: left; filter: sepia(30%); margin-right: 1em;" src="resources/david.jpg" />
     63 <p>En David encontramos un <i>tipo</i>, <i>antitipo</i> y <i>contratipo</i> (o alegoría inversa). Saúl no es <i>tipo</i> de Cristo, sino <i>contratipo</i>. Por el contrario, David, Rey ungido por Samuel, es <i>tipo</i> de Cristo (evidentemente esto no implica que el pecado de David sea constitutivo de su <i>tipo</i>).</p>
     64 <p>Otro <i>contratipo</i> del Reino mesiánico podría ser la monarquía de Herodes. Dejando de lado las complejidades históricas del momento, las rebeliones y conspiraciones, las huidas y retornos, se puede concluir que Herodes fue rey de Judea, siendo el primer rey ilegítimo desde David, pues rompe la genealogía davídica, siendo un rey impuesto por Roma y casado con una samaritana. Hay una larga tradición que va desde Julio Africano, pasando por la <i>Crónica de Eusebio</i> y la <i>Crónica de San Jerónimo</i> que insisten en esta ilegitimidad. Siguiendo con su <i>contratipo</i>, reconstruye y amplía el Templo. Desde el nacimiento de Jesús, la breve dinastía herodiana tiene cierto protagonismo en la historia temporal de Cristo, sobretodo dos de los hijos de Herodes el Grande: Arquelao (rey de Judea durante la infancia de Jesús) y Herodes Antipas (que ejecuta a San Juan Bautista y juzga a Jesús).</p>
     65 <p>En la Pasión, todos hemos atendido y mucho se ha escrito, sobre aquél pasaje en el que el Pueblo judío se conjura para toda su historia: «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»:</p>
     66 
     67 <cita>
     68 <p>«Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo: "Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!". Todo el pueblo contestó: "¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!".»</p>
     69 <p>Mt. 27, 24-25</p>
     70 </cita>
     71 
     72     Fórmula legal <i>veterotestamentaria</i> muy empleada (<a class="element">Lev. 20, 9<span class="info">«Si alguno maldice a su padre o a su madre lo matarán; su sangre caiga sobre él»</span></a>; <a class="element">Lev. 20, 11<span class="info">«Si uno se acuesta con la mujer de su padre morirá; su sangre caiga sobre él»</span></a>; <a class="element">Lev. 20, 13<span class="info">«Si un hombre se acuesta con otro hombre, los dos morirán; su sangre caiga sobre ellos»</span></a>; <a class="element">1 Sam. 1, 16<span class="info">«Por haber matado al ungido de Yahvé, tu sangre caiga sobre tu cabeza»</span></a>; <a class="element">2 Sam. 3, 29<span class="info">«La sangre de Abner caiga sobre la cabeza de Joab y su familia»</span></a>; <a class="element">Jer. 26, 15<span class="info">«Sabed que si me matan, sangre inocente caerá sobre vosotros y sobre toda la ciudad»</span></a>).
     73     Sin embargo, poco antes de la dura afirmación, los judíos respondieron a Pilatos:</p>
     74 
     75 <cita>
     76 <p>«Ellos gritaron: "¡Fuera, fuera; crucifícalo!". Pilato les dijo: "¿A vuestro rey voy a crucificar?". Contestaron los sumos sacerdotes: "No tenemos más rey que al César".»</p>
     77 <p>Jn. 19, 15</p>
     78 </cita>
     79 <p>No estamos simplemente ante una estrategia de los fariseos para atemorizar a Pilatos, sino que tal temeridad se convierte en una condena: hasta la consumación del Reino Mesiánico, los judíos no volverán a tener Rey, como de hecho dejaron de tener Templo, y por lo tanto sacerdocio o profetismo. Fundamentamos esta afirmación en la postura de la Patrística y la escolástica, que consideraron que la culpa temporal y contextual sobre la muerte de Jesús se transmite de generación en generación; tesis defendida por Orígenes, Melitón de Sardes, San Agustín, San Jerónimo, San Juan Crisóstomo, Teofilacto, Santo Tomás de Aquino, entre otros.</p>
     80 <p>Por lo que si la sangre inocente de Cristo recae sobre el pueblo judío, que no acepta al Hijo de Dios; así también se condenan a la sujeción de los imperios del mundo. Atendiendo a las lecturas bíblicas, especialmente al libro de Daniel, se puede vislumbrar con claridad la relación del pequeño pueblo de Israel con los imperios mundiales, que siempre le acaban dominando y destruyendo el Templo. La llegada del Mesías debía liberarles de esta constante histórica, pero la negación de Jesús, comporta la continuidad de esa sumisión, relatada también en el Apocalipsis. Sucintamente, debemos considerar la doctrina sobre los sueños proféticos de Daniel, en la que hay un consenso teológico prácticamente total en cuanto a qué reinos o imperios corresponden a cada bestia. Tales reyes ofrecen al profeta la visión de los imperios desde la visión hasta la llegada del mesías. Estas bestias serían efigies del Imperio Babilónico, el Medo-persa, el Helénico y el Imperio Romano.</p>
     81 <p>Dicha revelación es ampliada en el Apocalipsis, no habiendo entonces un verdadero consenso debido a la dificultad de definir el período temporal. Si bien, en el momento de la Revelación podemos establecer que «cinco cayeron, uno es, el otro no ha llegado todavía y cuando llegue durará poco tiempo» (Ap. 17, 10), si mi opinión valiera de algo, me gusta establecer antes de los reinos de Daniel un reino fundamental como es el Imperio Egipcio. De tal forma que podemos mantener que cinco imperios ya cayeron: Egipcio, Babilónico, Medo-persa, Helénico y Romano. Sin embargo, el Imperio que es -al menos en el tiempo de Juan- debería confluir con el kathejon, que sabemos que es el Imperio Romano. ¿Sería correcto entonces dividir el Imperio Romano en dos etapas proféticas? Propongo establecer el Imperio Romano pagano o idólatra como quinto imperio; mientras que el Imperio Romano Cristiano, que es el kathejon, como sexto imperio, «que es» (o <i>fue</i>, si el kathejon fue removido). ¿Es correcta esta división? Lo desconozco. Javier Barraycoa, basándose en la doctrina del padre Orlandis y Canals propone el orden: Babilónico, Egipcio, Asiro-babilónico (o neobabilónico caldeo), el Medo-persa, el Helénico y Romano, como seis de los siete.</p>
     82 <img style="width: 50%; float: left; filter: sepia(30%); margin-right: 1em;" src="resources/caida-roma.jpg" />
     83 <p>Como decíamos, el imperio «que es», debe ser necesariamente el Imperio Romano, el obstáculo que evita la llegada del anticristo. De tal forma, el séptimo imperio innominado que habrá de durar poco tiempo, sería probablemente el Anglo-americano. Éste habría iniciado en la historia coincidiendo con la caída del Kathejon, sea en 1806 o en 1917.</p>
     84 <p>En la propia historia, diversas monarquías se habrían visto como sucesoras del Imperio Romano, así se han visto la monarquía española, la francesa, la germana, etc. Si bien tales afirmaciones, aunque a menudo de una franca rebeldía, quedan moderadas por el entorno católico en las que se movían; en el entorno protestante el milenarismo -o milenismo, como gusta indicar a L. Castellani o San Agustín- encontró multiformes y casi interminables expresiones, que sintiéndose -en palabras de George H. Williams- como en un paraíso terrenal y provisional, presagio de la tercera Era; sea alabanza de la quinta monarquía de Daniel, o como puerta de entrada al milenio, las iglesias de la -mal llamada- Reforma estuvieron sostenidas y fortalecidas por la convicción de que ellas y sus dirigentes eran los instrumentos de que se valdría el Señor para escribir la historia de los últimos días. La lista de iglesias y grupos protestantes que se ajustarían a dicho perfil, desde Lutero hasta ahora, sería interminable.</p>
     85 <p>Quedémonos a modo de ejemplo con los denominados quintamonarquistas (fifth monarchists), que surgen en el entorno radical inglés del siglo XVII. De este grupo y otros similares, cabe destacar su milenarismo. Su reino milenario, que debe corresponder con el sueño de Daniel y que destruye la sucesión de los cuatro imperios.</p>
     86 
     87 <cita>
     88 <p>«En los días de estos reyes el Dios del cielo hará surgir un [quinto] imperio que jamás será destruido y cuya soberanía no pasará a otro pueblo. Pulverizará y aniquilará a todos estos imperios, mientras que él subsistirá eternamente.»</p>
     89 <p>Dan. 2, 39-44</p>
     90 </cita>
     91 <p>Si bien, para el magisterio y la doctrina de la Iglesia este quinto Imperio no podía ser otro que la Iglesia de Roma, para los quintamonarquistas la ejecución de Carlos I de Inglaterra en 1649, constituía un signo evidente de que se avecinaba la segunda venida de Cristo y su reino de mil años. Así, lo apoyarían buscando aniquilar la 'sociedad corrupta' que representa Babilonia -para ellos, la Iglesia y la Cristiandad-, como paso previo a la instauración del reino de Cristo. Sin embargo, esta ansiada monarquía jamás llegó (tampoco los medios provistos, como la república de Oliver Cromwell), por el contrario, se restauró la monarquía en Inglaterra y la historia continuó.</p>
     92 <img style="width: 50%; float: left; filter: sepia(30%); margin-right: 1em;" src="resources/leviatan-hobbes.jpg" />
     93 <p>Tal decepción milenarista generó todo un pensamiento teológico y político secularizado, que iría desde utopías como el contractualismo, hasta el liberalismo democrático. Tesis bien defendida en <i>Poder de Dios, poder de Estado. El protestantismo en la génesis de la modernidad política (1993)</i>, de Javier Barraycoa. Por su parte, George H. Williams, indicaba que dicho clima desesperanzante fue lo que impulsó a todos los radicales a apartarse completamente de la idea inherente en el <i>corpus christianorum</i>, medieval, a desconocer los órganos históricos elaborados por él. En otras palabras, el pensamiento milenarista teocrácito preparó paradójica y conceptualmente la doctrina liberal -y su consiguiente separación de la Iglesia y del Estado-. En este proceso de secularización cabe encuadrar obras como el <i>Leviatán</i> de Hobbes y otras en orden cada vez más secularizado del pensamiento contractualista que pasan por Locke o Spinoza y desemboca en el <i>Contrato social</i> de Rousseau. Veamos por ejemplo la citadísima obra del <i>Leviatán</i>, que en un lenguaje 'teológico-ateo', especialmente en la última parte que es titulada el <i>Reino de las tinieblas</i> -en referencia al papado y al pensamiento medieval- que contrapone al <i>Reino de la luz</i>, que es el <i>Leviatán</i> surgido del pacto social en el que todos sus individuos ceden su voluntad para constituir una voluntad suprema. Al final, es una secularización del Pacto o Alianza de Dios con el Pueblo de Israel.</p>
     94 <p>Louis Salleron categoriza temporalmente el cristianismo en relación con el poder político en la que ya habríamos pasado por tres fases: la primera, que va desde la muerte de Cristo hasta Constantino, la segunda que va desde Constantino hasta la Revolución francesa; y la tercera, de la Revolución francesa hasta el segundo tercio del siglo XX. Miguel Ayuso comentaría al respecto que la primera fase se caracteriza por la incomunicación, siendo que la comunidad cristiana apenas pasaba de una <i>pusillus grex</i> y que se movía por la espera escatológica de una Parusía inminente (que evolucionó posteriormente hacia una escatología de la perfección transhistórica y sobrenatural). De tal comunidad pequeña era propia la indiferencia respecto todo lo que atañe tiempo presente. Con la conversión de Constantino y el Edicto de Milán (313) se inaugura la segunda fase. Durante esta fase el problema de la Iglesia consistiría en diferenciar sus competencias de las de la comunidad política, lo espiritual de lo temporal. Tras cerca de mil años, la Revolución francesa inició la tercera fase, la de la persecución del Estado que provocaría la secularización general de la sociedad. La Iglesia retrocede, perdiendo su poder temporal en Italia, perdiendo instituciones y zonas de poder, y finalmente perdiendo su influencia sobre la legislación en materia de familia y costumbres. Una cuarta fase estaría esbozándose, acontecería lo que el Apocalipsis revela y bajo el marco de lo leído en el Catecismo de la Iglesia Católica, pero queda ya contenida en la plenitud de los tiempos correspondiente a la encarnación de Cristo y el inicio de la sexta etapa de la historia propuesta, entre otros, por San Agustín. San Buenaventura, por su parte, comentaba con el Papa Adriano sobre este tiempo futuro y sobre su fin:</p>
     95 
     96 <cita>
     97 <p>«¿Quién ha dicho cuánto durará? Es cierto que nos encontramos en este tiempo; cierto es también que durará hasta que sea arrojada la bestia que sube del abismo, cuando Babilonia será confundida y derribada, y después se dará la paz; pero primero es necesario que venga la tribulación.»</p>
     98 <p>San Buenaventura, op.cit., col. XVI, núm. 19, pág. 481</p>
     99 </cita>
    100 <p>Así, la consumación del Reino de Dios estará precedida de la consumación del reino anticrístico. Las claves de esta consumación las encontramos en el Apocalipsis bajo diversas figuras como Babilonia, la Ramera, las dos Bestias -una procedente del mar y otra de la tierra-, o el Dragón. Babilonia sería la Roma infiel, nuevamente paganizada y viciada, perseguidora. Canals interpreta la gran Ramera, con la que fornicarán todos los reyes de la tierra, como la modernidad, fruto de la burguesía herética. Esta Ramera se sentará sobre la Bestia de diez cuernos, que la odiarán y le harán la guerra.</p>
    101     
    102 <cita>
    103 <p>«Los diez cuernos de la bestia son el poder político ya no aristocrático, ni monárquico, ni burgués, sino plenamente democrático. El poder político plenamente democrático consuma la oposición del mundo a Cristo y odia al mismo tiempo el orgullo de la riqueza, de la aristocracia, de la monarquía y lo derriba. Dios quiere que lo derribe porque ha juzgado a la ciudad mundana y los santos cantan aleluya por el hundimiento de Babilonia»</p>
    104 <p>Cita a Francisco Canals, en La Teología de la historia en Francisco Canals, Javier Barraycoa, Espíritu LXI, núm 144 (2012)</p>
    105 </cita>
    106 <p>Este poder político será democrático y globalizado, oposición final del mundo a Cristo y a otras idolatrías como el propio Estado burgués o el Estado racial (para Canals, el fascismo fue la última gran idolatría). Una vez manifestado plenamente el Anticristo, destruida Babilonia y consumada la persecución contra los Santos, vendrá Cristo a consumar su Reino y juzgar a las naciones.</p>
    107 
    108 <cita>
    109 <p>«Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios.»</p>
    110 <p>II Tes. 2, 3-4</p>
    111 </cita>
    112 <img style="width: 50%; float: left; filter: sepia(30%); margin-right: 1em;" src="resources/anticristo.jpg" />
    113 <p>El anticristo, si es personal, no invocará títulos trascendentes, no será defensor de una fe ni solicitará siquiera idolatría. Su reinado, por lo tanto, estará asentado por un antirreinado bajo la forma democrática, antiteísta y destructora de todo lujo corruptor de la civilización. Dicho reinado se va prefigurando en la historia reciente de muchas formas. Así, de una premisa que invoca incluso la trascendencia de la fe cristiana y de la Iglesia sobre las causas temporales, niega a su vez la legitimidad a una defensa política del orden cristiano frente a la revolución -destructora del mismo-, deduciendo a una conclusión inmanentista y política: cristianos demócratas, cristianos liberales, cristianos socialistas, etc. Todo ello conviviendo, como la historia reciente nos demuestra, con monarquías parlamentarias (valga el oxímoron y el absurdo). No hay que pensar mucho para darse cuenta que no hay mayor absurdo que una monarquía sustentada en la voluntad general. A pesar de que la realidad monárquica es tan evidente que su eliminación, muchas veces, no ha podido hacerse de golpe, el destino final lógico de las monarquías parlamentarias es su extinción. Intrínsecamente ligado a este absolutismo de la democracia atea (aquella surgida de la revolución atea) es aquella concepción que Su Santidad Pío XI llamaba <i>laicismo</i> y presentaba como la peste de nuestro siglo.</p>
    114 <p>Así, la Primera Bestia es Nerón y es el Anticristo. La Mujer calzada de luna es la Iglesia y es el Pueblo de Israel. La Gran Ramera es la Roma pagana y la ciudad del Anticristo... La rebelión contra Dios tiene su <i>tipo</i> y <i>antitipo</i> que van desde la tentación y caída de Adán hasta la Gran Apostasía.</p>
    115 
    116 <cita>
    117 <p>«La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos, y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado.»</p>
    118 <p>II Tes. 2, 9-10</p>
    119 </cita>
    120 <p>Sabemos que la tentación es personal, pero también social (<a class="element">Ap. 17, 15<span class="info">«Me dijo además: Las aguas que has visto, donde está sentada la Ramera, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas»</span></a>). Según la Revelación, dicha tentación se irá incrementando y llegará a ser tan irresistible, que Dios deberá acortar estos días para que no se pierdan muchos de los escogidos. Toda tentación se presenta siempre con apariencia de bien, sea el fruto en el paraíso o el reino del anticristo, en cuanto a bien colectivo. El ejercicio de poder político independientemente de Dios ejercita máximamente la soberbia humana. El más absoluto de los regímenes políticos, el más antidivino es la moderna democracia, hecho que se demuestra estudiando las fuentes filosóficas de las que ha surgido. Es además la culminación, en el tiempo, de la tiranía soberbia del poder político enfrentado al Reino de Dios y su Hijo. Materializa la apostasía del mundo que se niega a aceptar el <i>suavísimo dominio de Cristo Rey</i>, proclamado por el Papa Pío XI. Estamos en un tiempo en el que el ataque ejercido en el obrar del misterio de iniquidad por la acción de Satanás se dirige contra todo lo que quede de bien natural en el hombre, la sociedad, la cultura, la ciencia, el arte... Encumbra todo desorden y anarquía, y critica cualquier actividad rectamente ordenada como rutinaria y aburrida.</p>
    121 
    122     <h1>Bibliografía y referencias</h1>
    123     <ul>
    124 <li>«El apokalipsys de San Juan, Leonardo Castellani»</li>
    125 <li>«El Apocalipsis según Leonardo Castellani», Alfredo Sáenz</li>
    126 <li>«Obras», San Buenaventura</li>
    127 <li>«Quas primas», Pío XI</li>
    128 <li>«De Regno», San Tomás de Aquino</li>
    129 <li>«Summa theologica», Santo Tomás de Aquino</li>
    130 <li>«La Reforma Radical», George H. Williams</li>
    131 <li>«La Monarquía en la Teología de la Historia», Javier Barraycoa, Verbo, núm. 535-536 (2015)</li>
    132 <li>«Cristianismo y política», Louis Salleron, Verbo, núm. 99 (1971)</li>
    133 <li>«El orden político cristiano en la doctrina de la Iglesia», Miguel Ayuso, Verbo, núm. 267-268 (1988)</li>
    134 <li>«La constitución cristiana de los Estados», Miguel Ayuso</li>
    135 <li>«La democracia atea», Francisco Canals</li>
    136 <li>«Modernidad y posmodernidad: inflexión del pseudoprofetismo», Francisco Canals, Verbo, núm. 329-330 (1994)</li>
    137 </ul>
    138 
    139 </body>
    140 </html>