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1 <!DOCTYPE html> 2 <html> 3 <head> 4 <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=UTF-8" /> 5 <meta name="viewport" content="width=device-width, initial-scale=1" /> 6 <title>De la aristocracia de la muerte de Yukio Mishima</title> 7 <link rel="icon" type="image/png" href="/favicon.png" /> 8 <link rel="stylesheet" type="text/css" href="../article.css" /> 9 </head> 10 <body> 11 <header> 12 <p class="title">De la aristocracia de la muerte de Yukio Mishima</p> 13 <p class="date">28 de marzo de 2016 • fjbalon</p> 14 </header> 15 <p><i>«Mientras exista el seppuku, el Japón eterno vivirá»</i>. El <i>seppuku</i> era un ritual fundamental en el código y la tradición del <i>bushidō</i>, que consistía en producirse su propia muerte, acto más honorable a que otro te la produjese en la tradición oriental. El rito iniciaría bebiendo <i>sake</i> y se componía un último poema: el <i>zeppitsu</i> o <i>yuigon</i>, casi siempre sobre el dorso del <i>tessen</i> (abanico de guerra). El practicante del rito mortal se situaba de rodillas en la posición <i>seuiza</i>, se abría el kimono blanco (el que aún hoy sólo visten los cadáveres) e introducía las mangas del kimono bajo las rodillas; esto hacía impedir que su cuerpo cayera indecorosamente hacia atrás al morir. Se envolvía cuidadosamente la hoja del tantō en papel de arroz, pues morir con las manos cubiertas en sangre también era considerado deshonroso; y se clavaba la daga en el abdomen. De izquierda a derecha desplazaría la daga para volver al centro y, entonces, terminar un corte vertical hacia el esternón. El <i>kaishaku</i>, generalmente amigo o allegado del practicante con gran dominio de la espada, permanecía de pie al lado del moribundo para decapitarlo en el momento apropiado.</p> 16 <p>Yukio Mishima no se hizo un <i>sepukku</i> demasiado limpio, pues sus cortes no fueron lo suficientemente profundos ni certeros, pero siguió el rito a rajatabla y de forma ortodoxa. El <i>kaishaku</i> no pudo decapitarlo tras varios intentos, por lo que cedió la espada a otro miembro de la <i>Sociedad del Escudo</i>, que hizo rodar finalmente la cabeza de Mishima. Sus últimas palabras fueron <i>«Tenno Heika Banzai»</i>, tres violentas palabras que traducimos a «¡Larga vida al Emperador!».</p> 17 <p>La muerte de Mishima es reflejo de cómo vivió: con honor y nobleza, aristocracia de espíritu y excelencia heróica. Para los descendientes de la Cristiandad, tan alejados de estos ritos y estas costumbres, nos puede resultar exagerado, violento, estúpido... Pero en la mente de un tradicionalista japonés, no hay muerte más noble que aquella. El mundo moderno no conoce la muerte heroica, la verdadera <i>euthanasia</i> («buena muerte», que no asesinar enfermos en hospitales); la mayor parte de la gente muere aterrorizada o dopada, abandonada y en soledad... Frente a tanta molicie, Mishima aspiró a la bella muerte, para que la que se preparó durante años. Gran parte de su obra es un preludio, de hecho, para su final: desde el cuento <i>Patriotismo</i>, que narra el suicidio ritual de un militar y su esposa, hasta textos como <i>Las voces de los muertos heroicos</i>, <i>El marino que perdió la gracia del mar</i> o <i>Danza, arte y rearme</i>. Incluso en su corta carrera como actor sólo aceptó interpretar personajes que sufrieran una muerte violenta. En su testamente, pidió ser enterrado con una espada entre las manos: <i>«que no morí como un literato, sino como un guerrero»</i>.</p> 18 <p><i>«La misión que nos ha encomendado el Cielo es la de jugarnos la vida por nuestro Trono Imperial. Ahí es donde reside nuestra grandeza. Vamos a elevar el espíritu japonés, a barrer el comunismo, a corregir el capitalismo y a revisar la Constitución que nos impusieron como nación derrotada para humillarnos»</i> se convertiría en fundamento para su vida y su muerte, veía el Trono del Japón como la unión religiosa y divina que era; a la Familia Imperial como descendientes de la diosa Amaterasu. Como los césares romanos o los faraones egipcios. Pero las preiones de los "aliados" obligaron al emperador Hiroito a renunciar a su carácter religioso-divino, pues era incompatible con la lógica del Estado moderno, decían.</p> 19 <p><i>«La espada vence al libro, porque la espada significa voluntad y el libro significa sólo pensamiento»</i>, que diría Spengler. Así, Mishima se unió al ejército de nuevo a las 42 años, <i>«la belleza viril se ve exaltada por el autocontrol y la aceptación de las normas de comportamiento»</i>, y la milicia permitiría, pensaba, al hombre trascender su individualidad a través del sufrimiento común. En cuanto acabó la instrucción, fundó su propio ejército: <i>Tatenokai</i>, la <i>Sociedad del Escudo</i>, cuyos objetivos eran la defensa de la patria y del Emperador, en respuesta a la Constitución de posguerra, por la cual <i>«el pueblo japonés renuncia a la guerra como derecho soberano de la nación»</i>.</p> 20 <p>En su profunda y sólida convicción, Mishima reclutó a los trescientos hombres de su ejército entre estudiantes tradicionalistas dispuestos a todo por la patria. Los soldados debían superar un entrenamiento de un mes, en el que se incluían pruebas físicas, espirituales y tácticas en el campo de batalla.</p> 21 <p>A los 45 años, Mishima entregó su última novela, <i>La corrupción de un ángel</i> y, poco después, él y otros cuatro miembros de la <i>Sociedad del Escudo</i> impecablemente uniformados, irrumpieron en el despacho del jefe de la <i>Fuera de Defensa del Japón</i>, a quien retuvieron a punta de espada, exigiendo que el Regimiento 32 se reuniera a escuchar su discurso y manifiesto. Desde el balcón, pidió a los soldados que se unieran a su contrarrevolución para erradicar la democracia que gangrenaba el alma del Japón. Pero los soldados se negaron, el golpe fracasó miserablemente y Mishima se dispuso a morir.</p> 22 23 24 </body> 25 </html>