El hombre tranquilo (1952), de John Ford: la gran obra maestra sobre el matrimonio
17 de noviembre de 2022 • fjbalon
Mucho se ha escrito de la técnica, del color, de la música y de la magia de la maravillosa -para mí- gran obra maestra de John Ford. Mucho se ha escrito también de las innegables grandes interpretaciones del gallardo John Wayne y la bellísima Maureen O'Hara, y también de un reparto de lujo como Barry Fitzgerald, Victor McLaglen y Ward Bond. Poco puedo añadir antes tales magestuosas críticas.
El Hombre Tranquilo es una película sobre el Matrimonio, una defensa a la institución social elevada a sagrada; es quizás el mayor epitalamio de la historia del cine, un poema pletórico al amor conyugal y a la naturalización de las relaciones humanas.
La representación de Innisfree (Irlanda), idílica y amable, en la que la tradición y la naturaleza imperan en un verdadero orden comunitario -y que me recuerda mucho al pensamiento de Chesterton-, se contrapone al mundo moderno del que viene el protagonista (América). Es llamativo además ver cómo, en tales circunstancias sociales, la autoridad recae en su totalidad sobre la figura del sacerdote, y no sobre el Estado, ayuntamiento, ejército o policía; retrato fiel de la autoridad natural tradicional.
La sociedad que presenta protege y promueve el Matrimonio -que como institución social y política, la fundamenta- y enaltece el noviazgo. Es una atmósfera verdaderamente comunitaria, que choca frontalmente con la sociedad actual (que pervierte aún más la sociedad moderna de la que proviene Sean Thorton), en la que los matrimonios deben fortalecerse y robustecerse contra los contínuos ataques a la familia, la maternidad, la fidelidad... Envuelto en un individualismo absoluto.
La obra se inicia con el enamoramiento: exaltación del amor y admiración en la belleza y la estética. Enamorarse es crear una mitología privada con la otra persona, un universo personal que debe ordenarse en el noviazgo, conocimiento el uno del otro. Si bien es cierto que, por motivos de dinámica cinematográfica el noviazgo es algo corto, es también enseñanza fundamental, pues no ha dado tiempo que Thorton y Danaher se conozcan realmente, ignorando tras el matrimonio lo que cada uno tiene en su interior y ocasionando el conflicto entre ellos que vertebra la película.
Sean Thorton huye del mundo y de su pasado, no quiere volver a luchar y, para evitar nefastas consecuencias pretende, egoístamente, reprimir su virilidad y masculinidad, y frenar su deseo e impulso de defender la causa de su esposa. No comprende, por su formación americana y liberal, el significado y trascendencia que tiene para ella la dote, que no es sino la tradición y símbolo de la honra y dignidad que la mujer ofrece.
Mary Kate Danaher es una mujer orgullosa, brava y de gran carácter, sabe lo que quiere y lucha por ello, pugna por obtener lo que es suyo por derecho y tradición y no cede hasta conseguirlo. Sin embargo, ignora las razones por las que su esposo evita la confrontación, viéndole como un cobarde o, peor, un hombre que no respeta su honorabilidad de esposa. Danaher abandera la tradición sobre la modernidad de su esposo, y llega al extremo de negarle consumar el matrimonio (escándalo para la autoridad).
El conflicto tiene su clímax en una divertidísima pelea, en la que finalmente Thorton explota en masculinidad y defensa por la justicia y la dignidad de su esposa y ésta, dócilmente y en un alarde cómico en la que se muestra ternura y entereza orgullosa, va a casa hacer la cena a su marido. El matrimonio ha superado el conflicto.
Las feministas, habitualmente obtusas, han acusado al Hombre Tranquilo de ser una película misógina, sin embargo no puedo sino defender lo contrario, como prueba el retrato que hace de feminidad y voluntad altiva de la figura de la mujer, que finalmente somete la voluntad del esposo y le insta a ser consecuente con su hombría y su naturaleza, así como ella lo es a la suya. Evidentemente, en la sociedad enferma actual -donde las mujeres se masculinizan y los hombres se feminizan- es algo que choca; pero en la gran obra maestra de John Ford, se engalana y entroniza, de una forma muy sencilla, la dualidad sexual; la masculinidad y la feminidad: pilares naturales del matrimonio.