El lenguaje de los hombres en el cine de Robert Machoian

3 de marzo de 2022 • fjbalon

Robert Machoian es uno de esos nuevos directores de cine independiente norteamericano que puede gustar a muchos. Lleva poco menos que dos películas, al menos conocidas de forma general, que son El asesinato de dos amantes (2020) y La integridad de Joseph Chambers (2022). Ambas películas tienen varios elementos en común: el protagonista es un varón en crisis, el ambiente es la América rural -un favorito del cine independiente- y ambas parecen hablar y expresar a los hombres, con una forma de derrotismo moderno y un minimalismo aplastante.

Y es que, la figura del varón se encuentra gravemente herida en el mundo moderno. El hombre está derrotado, cansado, emasculado, humillado; pero por la propia naturaleza viril, no debe quejarse, victimizarse, lloriquear... Un hilemorfismo complicado.

He de reconocer que generalmente detesto las películas sentimentalistas, y no suelo darles demasiado valor en función de cuánto pueda hacerme sentir. Esto lo defiendo en cuanto que hacer sentir al espectador es tramposamente fácil: incluso un anuncio de televisión puede provocar hambre, indignación, satisfacción e incluso pena. Las emociones son algo maleable, algo voluble, sobretodo en las personas poco virtuosas que se dejan llevar por ellas. Esto lo comprende fácilmente cualquier ingeniero social, político democrático o publicista. Es por ello que el cine se constituye muy a menudo, y sobretodo en el actual Estados Unidos, como arma para generar emociones concretas en la audencia con distintos objetivos. Por lo tanto, en la era de superestímulos y sensiblería, tiendo a bloquear y no estimar dichas subjetivas obras psíquicas.

Y con todo, confieso que el cine de Robert Machoian me ha hecho sentir algo, me ha provocado cierta emoción; y lo he valorado positivamente.

David (El asesinato de dos amantes) ha logrado hacerme vivir bajo su piel la situación que plantea la obra: un hombre desesperado por restaurar un matrimonio -y por ende, una familia- hundido, mientras la que fuera su esposa intenta rehacer su vida con otro hombre.

Como en Joseph Chambers (La integridad de Joseph Chambers, claro xd), un hombre que se siente sin autoridad ni potestad ante su esposa y su familia, que pretende demostrar sus capacidades de supervivencia y hombría yendo al bosque para cazar ciervos solo, experiencia que no terminaría como él esperaba.

Tanto David como Joseph Chambers (ambos interpretados exquisitamente por Clayne Crawford, por cierto) presentan esa masculinidad decadente, lastrada. Hombres que como Atlas cargan con el mundo y ya están fatigados. Y Machoian penetra profundamente en la psique de los dos hombres. Clayne sufre la soledad, la frustración y el abandono que le provoca la que era su esposa, en un escenario también solitario como es un pueblo del medio oeste y bajo una ¿banda sonora? compuesta de engranajes, mecánica y maquinaria; que eleva la tensión para preparar al espectador para el más que plausible clímax del hombre tornándose en primitivio, el hombre que desata su ira y violencia tanto tiempo contenida. Pero Machoian, nada simplista, también lo presenta en su vulnerabilidad, su abandono al respeto de su mujer, a la que busca cortejarla como antaño, reedificar su familia y recuperar el dominio de su vida: restaurar su potestad.

Chambers por su parte, busca demostrar a su familia y a sí mismo que sigue siendo un hombre, y practicará el deporte más viejo de la humanidad. la caza. La soledad y la estética americana, de grandes coches, infinitos paisajes boscosos, camisa de cuadros y bigote, llaman a la masculinidad del espectador. Las conversaciones preparacionistas y survivalistas, el deseo intrínseco del hombre de ser proveedor; pero sobretodo el deseo de sentirse en su virilidad, no hacen sino precipitar esa serie de catastróficas desdichas. El hombre de clase acomodada, buscando la gloria de los Æsir, cae finalmente en el Helheim.

Comprendo perfectamente que ambas películas puedan no convencer, o dar entendimiento para algunas mujeres y hombres "deconstruidos". Comprendo que unas películas solitarias e independientes puedan aburrir a muchos, que esperarían más un drama clásico; sin embargo, el director se esfuerza en presentar una psicología realista, verosímil e íntegra. Y aún así, me parece que si bien las intenciones y la estética que propone Machoian son sublimes, la ejecución falla algo: esperaba en ambos casos un clímax de mayor embergadura; una caída más mitológica o un final más heróico. En el primero, esperaba que la tensión instalada desde el principio en la que David sostenía el arma no tuviera un final tan metafórico y estático. Por otro lado, de la segunda película, esperaba más una catástrofe mayor que un homicidio involuntario de un vagabundo preparacionista. Quizá es precisamente esa hombría que explora la obra la que me hizo esperar ataques de bestias, supervivencia en la naturaleza hostil, heridas, encuentro con su virtud... Quizá esperaba yo algo más como un «El Renacido» a la independiente. Una exploración aún más profunda de la naturaleza del varón, no sé.

O quizá esa sensación de incompletitud es lo que hace verdaderamente relevante las cintas: una película que habla a los hombres, que no pueden ser. Unas películas realistas. Dos muy buenas joyas del cine independiente norteamericano.