De Slackware
16 de marzo de 2024 • fjbalon
Slackware es la distribución de Linux más vieja y antigua que aún se mantiene con vida. Su lanzamiento inicial fue en 1993 y fue fundada por Patrick Volkerding, basándose en su momento en la distribución SLS Linux, de Peter MacDonald (1992), mismo padre que llevó a Ian Murdock a hacer Debian tan solo unos meses después. De hecho, en 1994, las dos distribuciones de Linux más importantes eran Debian y Slackware, ni más ni menos.
Slackware tiene una filosofía muy rancia, siendo prácticamente más cercano a la filosofía Unix que a GNU/Linux en sí; hoy en día es aún más acusada la diferencia, siendo mucho más cercano a FreeBSD original que a una distribución moderna de Linux, como Ubuntu o Fedora.
Slack significa perezoso en inglés, ya que la mayor parte de la configuración del sistema depende del usuario. También resulta que Patrick Volkerding pertenecía -o sentía simpatía, no lo sé- a la «Iglesia de los subgenios» (una parodia de religión satírica postmoderna americana), donde el término Slack hace referencia a algo así como "libertad de pensamiento". Según la Wikipedia, los subgenios se autodefinen como una orden de herejes y blasfemos dedicados al Slack (?).
De entre las características que más destaco de esta noble distribución, y que la hacen aristocracia distributiva, diría:
Es una distribución dura, no os quiero mentir. Slackware no te toma por idiota, menos aún por profano o hereje. Por ello, suele ser un escollo para muchos distrohoppers que se topan con ella. Su tradicionalismo rancio y su inflexibilidad lo hacen áspero, rígido y férreo para digerirlo por parte de usuarios no preparados. Desde luego en ello no veo sino su mejor ventaja.
Y deliberadamente, he querido dejar para el final el último punto de la lista, que es el que más resquemor y acidez producen en los incautos que se aventuran en Slackware sin estar suficientemente iniciados: la administración de paquetes:
Además, el sistema carece de sistema automatizado y transparente al usuario para rastrear o manejar dependencias, teniendo que ser resueltas manualmente por el propio usuario. A menudo se vuelve tedioso, sobretodo con programas muy vitaminados o softwares muy grandes.
Esto produce, a menudo, que el usuario tenga que hacerse prácticamente un esquema con el árbol de dependencias a instalar antes de poder instalar el paquete que necesitas. Al principio es algo frustrante, lo admito. Si bien al final entiendes el potencial que subyace y el verdadero gran dominio de todo el software que corre en tu sistema que te da Slackware. Sobretodo cuando venimos de la costumbre del empleo de gestores de paquetes bastante generalistas y que centralizan y automatizan gran parte del trabajo, como Pacman, APT, DNF o YUM
No obstante, Slackware cuenta con software de administración de paquetes:
Como sorpresa bastante interesante, existe un script denominado rpm2tgz que te permite transformar los paquetes clásicos de RPM en instalable sencillo para Slackware, de tal forma que el resultado .tgz puede ser pasado como argumento a installpkg. Muy útil.
Evidentemente, que a pesar de su rito iniciático, su rigidez, su tradicionalismo y su misticismo, Slackware puede ser utilizado y dominado como cualquier otra distribución de GNU/Linux, se puede instalar el mismo software y se puede conducir de la misma forma. Pero exije, exije al usuario paciencia y sacrificio.
En un foro especializado en Linux me preguntaron si sigue siendo viable utilizar Slackware hoy día, la respuesta es evidente: claro que sí. Y depende más bien de qué tan dispuesto estés a tomar el control de tu sistema con una forma heredada más tipo Unix (véase Unix es Tradición). Desde mi atalaya -construida sobre Slackware, claro- no puedo sino recomendar, a los fuertes y los valientes, iniciarse en el sistema más antiguo.