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Author: fjbalon <fbalon@templier.es>
Date: Wed, 10 Jun 2026 14:44:12 +0200
Refactorización de artículo de Blade Runner, Leopardo de las Nieves y Soloviov
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<p>Si bien, en la novela, Deckard pasa sin problemas el test Voight-Kampff, éste se pone en duda en alguna ocasión. Aún así, en la novela no parece existir duda razonable sobre si el protagonista es o no es un «andy», como sí parece evocar la película de 1982: cuando Rick Deckard (Harrison Ford) se desliza de la viga, Roy (Rutger Hauer) lo agarra del brazo y grita «Kinship!» (parentesco, lazo de sangre). Curiosamente, no aparece la palabra ni su traducción en los subtítulos. Este hecho, unido a la secuencia onírica del unicornio, y también a la secuencia en la que Gaff (Edward James Olmos) deja la figura de origami en su apartamento, darían a entender que Deckard es un replicante. Si bien la interpretación de Harrison Ford se asume como un policía con graves problemas de conciencia, nunca parece evocar que no sea humano (al igual que los replicantes, todo sea dicho). Así, el director siembra la duda razonable en el espectador, genialmente tratada y no disipada en ningún momento en el tiempo. En mi opinión, no tengo duda en que Deckard sí es un replicante, sin embargo, no puedo sino plegarme ante el trato que se da a este tema.</p>
<p>Y así como he iniciado el texto, tanto la película como el libro se centran en una duda: ¿qué es un ser humano? ¿qué nos hace serlo? ¿qué nos hace ser?, y a consecuencia de tal duda existencial y filosófica, explora temas como la vida y la muerte, como el amor (de una forma mucho más pura en la película que en la novela), la belleza y la verdad, la memoria y los recuerdos. Estéticamente, la cinta es un prodigio; y no hay mayor filosofía que la estética; estética que recupera lo humano en un futuro tecnocrático, capitalista extremo y casi nacional-socialista, en apariencia. Pero, ¿qué es lo humano? ¿una máquina en imitación perfecta del hombre, se convierte en hombre? ¿tiene alma? Si el alma no puede provenir ni ser generada por la materia, pues ninguna de sus interacciones físicas puede explicar la exportación de nada no-físico, ¿cómo puede un replicante como Rachel amar? ¿es que acaso puede un ser desalmado, amar? ¿quizás imite a la perfección las consecuencias físicas del amor? ¿en qué momento o bajo qué proceso ganaría, una máquina, un alma?. Sería difícil y pretencioso tratar de dar respuesta en una simple entrada a todas estas preguntas, que darían para tesis doctoral y filosófica, sin embargo la cinta no te hace sino elevar el espíritu a la filosofía y la metafísica, a hacerte estas preguntas... ¿qué me hace ser?.</p>
<p>La película, por motivos evidentes elevada a culto, nos deja citas y escenas para la posteridad y la memoria, como la de Tyrell y Roy, momento álgido entre el dios de la electromecánica y su perfecta creación, desencantada y hastiada al conocer la ausencia de divinidad, la miseria, de su creador; la del test de Voight-Kampff a Rachel (interpretada deliciosamente por Sean Young, y que parece la parte más fiel a la novela), el monólogo de Roy a Deckard, tan conocido como noble:</p>
-
<cita>
<p>«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.»</p>
<p>Monólogo «Lágrimas en la lluvia», de Roy Batty (Rutger Hauer), Blade Runner (1982), Ridley Scott</p>
</cita>
-<img src="resources/roy.jpeg" />
<p>Con esta secuencia tan desaforadamente bella, Rutger Hauer aseguró su inmortalidad, en un ramalazo de inspiración poética. Falleció el mismo año -2019- en el que muere el replicante. La naturaleza imita al arte. Y «todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia». Y es que precisamente, el deseo de vivir, el castigo de la muerte son también temas principales en la exploración filosófica de la obra. El hombre busca su trascendencia, pues su alma como desapegada a la materia, es inmortal; y si no la encuentra cae, necesariamente, en un existencialismo que le llevará, inevitablemente, a un vacío nihilista. Sin embargo, el replicante encuentra su trascendencia, reconoce su vida y su muerte, perdona a aquel que le da caza para ser comprendido, para dejar un legado, para trascender la materia. Y es usando el lenguaje cinematográfico magistralmente, con aquella paloma que se eleva de las manos de Roy, que vuela hacia el cielo, haciendo quizás imagen de su alma, que encuentra su redención en la muerte.</p>
<p>Deckard y Rachel deciden huir, enamorados, de la policía. Escena clave en la que se da a entender que Gaff conoce los sueños de Deckard: debe ser un replicante. Poniendo fin a una película que no deja indiferente, dejando al espectador con la duda razonable, con la mente embriagada de pensamientos filosóficos. Un cierre perfecto, y redondo. Y es entonces, cuando viajamos más al futuro -de 2019 a 2049-, que de manos del talentoso director Denis Villeneuve, en 2017 (35 años después de la adaptación de Ridley Scott), recibimos una secuela. Pero, ¿es posible dar una secuela a semejante obra? Mi primera impresión, cómo no, es de desconfianza absoluta, de escepticismo, de recelo por la obra original; incluso de enfado, por atreverse nadie a hacer una secuela<sup>4</sup> de una película que no lo necesita. Es más -pensé-, ¿de qué demonios puede tratar una secuela de Blade Runner? ¿cómo vas a hacerlo, construyendo algo nuevo, y respetando todo el tratado filosófico anterior? O bien 'rizas el rizo', o bien destruyes el tono y el legado de la anterior; sea como sea, una secuela es mala idea.</p>
<p>Y cuán equivocado estuve, y cuánto me alegro de ello. Blade Runner 2049 (2017) es una digna secuela, quizás, una de las mejores de la historia del cine; una rareza en su tiempo y en la mentalidad superficial del siglo XXI. Uno de los mejores directores en activo del mundo, Denis Villeneuve, ha hecho todo lo humanamente posible para que la secuela estuviese a la altura de la primera, y lo ha logrado.</p>
<p>Estéticamente -uno de los elementos fundamentales que ha hecho de la primera un clásico de culto- es colosal en todos los sentidos, cada plano es pura perfección, el diseño artístico de los escenarios es fascinante y memorable, la fotografía es simplemente una de las mejores de la historia del cine, todas las escenas están rodadas de forma asombrosa, no es una locura decir que 2049 supera a su precursora en este aspecto. El ambiente sonoro, producto del Hans Zimmer más eléctrico y experimental, embriaga al espectador y sirve de apoyo perfecto a la imagen.</p>
-<img src="resources/2049.jpg" />
<p>Filosóficamente, no sólo trata los mismos temas, sino que los amplía y desarrolla en mayor profundidad, mientras que añade otros nuevos. Incluso defendería que es una obra, metafísicamente hablando, más compleja y profunda que la anterior. En este caso, seguimos al Blade Runner K (Ryan Gosling), un replicante especializado en dar de baja a otros replicantes. Tras retirar a un Nexus-8, descubre los huesos de una replicante que ha sido madre: ¡Rachel ha tenido un hijo con Deckard! Es una sorpresa asombrosa, ¿pueden los replicantes tener hijos? ¿en qué implica ser hijo de un humano y una replicante? ¿o de dos replicantes? ¿es replicante o humano? El viaje de K, que se conoce replicante, planteará una serie de dudas más notables y profundas que la primera película. K, en 2049, bucea más profundo que Deckard, en 2019.</p>
<p>La película profundiza aún más en el mundo tecnocrático que la ambienta, presentando un personaje que exquisitamente escrito como es Joi (Ana de Armas) -una suerte de inteligencia artificial holográfica- y su relación -¿amorosa?- con K, el trabajo de arquitecto de sueños, etc. Y amplía todo su 'lore' filosófico con la maternidad, la procreación <i>versus</i> reproducción, la soledad, la genética...</p>
<p>Como conclusión; las adaptaciones cinematográficas de Blade Runner son muy superiores a la novela de Philip K. Dick, si bien hay elementos de la novela que me hubiera gustado ver en las adaptaciones, no podemos sino dar al César, lo que es del César. La profundidad de Blade Runner la ha elevado, tanto en la historia del cine como en el género de la ciencia ficción, como una de las obras magnas de la historia moderna.</p>
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<head>
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<meta name="viewport" content="width=device-width, initial-scale=1" />
-<title>Vincent Munier es un verdadero cazador</title>
+<title>Vincent Munier y el leopardo de las nieves</title>
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-<p class="title">Vincent Munier es un verdadero cazador</p>
+<p class="title">Vincent Munier y el leopardo de las nieves</p>
<p class="date">8 de septiembre de 2023 • fjbalon</p>
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<p>Algún estoico decía que los pensamientos templan el alma, por lo que es deber del hombre racional dirigir sus pensamientos hacia un fin, fuera del deseo y placer momentáneo y de las circunstancias que no controlamos. Al parecer, incluso la neurociencia moderna prueba que esta sucesión de pensamientos es capaz de cambiar, en cierta medida, la estructura plástica cerebral. Es por ello que es necesario consumir, en mayor medida, aquello a lo que queremos que nuestra mente y espíritu se aproxime. Es necesario pararse, dar un momento para la reflexión y para la contemplación, para observar lo sagrado que hay en la naturaleza, en la Creación. Y por esta razón me obligo, cinematográficamente -y también literariamente- a consumir obras que verdaderamente constituyan una edificación intelectual y espiritual. Y ello parece ser el propósito de esta obra maestra.</p>
diff --git a/soloviov-papado/index.html b/soloviov-papado/index.html
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<p class="title">Argumentos de Vladímir Soloviov a favor del papado</p>
<p class="date">4 de marzo de 2019 • fjbalon</p>
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-<p>Vladímir Soloviov (1853-1900), considerado por muchos como uno de las mayores pensadores de la historia (Hans Urs von Balthasar se refirió a él como el segundo, sólo después de Santo Tomás de Aquino, «mayor artista del orden y organización en la historia del pensamiento»), filósofo, teólogo, poeta, escritor, pensador político y crítico literario, amigo de Fiódor Dostoyevski y pensador ruso ortodoxo ha dado, desde la Europa más oriental, varios de los argumentos a favor del papado más interesantes venidos de la Iglesia Ortodoxa.</p>
-<p>Si bien no me gusta emplear el término ortodoxo alegremente en referencia a estas iglesias, puesto que parece evocar, por mi parte, que la Iglesia Católica Apostólica y Romana no practica de la ortodoxia, hecho evidentemente erróneo. No obstante, para no liar terminológicamente, emplearé el vocabulario típico para distinguir la Iglesia Católica de la(s) Iglesia(s) Ortodoxa(s).</p>
-<p>El propio Soloviov defiende que el efecto más grave del cisma (el filósofo no elude el término) es el cesaropapismo, es decir, el control de la Iglesia por parte de los poderes laicos. Históricamente, cada vez que los emperadores pretendían dirigir la Iglesia Oriental, los Padres acudían a Roma a pedir protección al Papa, que defendía su causa y vencía los designios imperiales. Hasta que llegado el cisma, las iglesias orientales se separaron de la comunión católica, entregando su libertad a los poderes laicos.</p>
-<p> La Iglesia rusa heredó el cesaropapismo de Bizancio, y habiendo cortado sus vínculos con Roma, se convirtió puramente en una Iglesia nacional, y es imposible que una iglesia así exista independientemente del control estatal. Este hecho es aplicable a cualquiera de las iglesias ortodoxas, que se forman así como se forman los estados y las naciones, justificándose así -dice Soloviov- que un estado ejerza supremacía sobre la autoridad intemporal debido a que ésta representa una iglesia nacional concreta. La verdadera libertad eclesiástica sólo es posible cuando la jerarquía de ésta está vinculada con el Reino de Cristo, es decir, con la Iglesia de Roma, que a diferencia de las iglesias nacionales, siempre ha mantenido su libertad eclesial. Esto también incumbe a la Iglesia Anglicana y ciertas Iglesias Protestantes, sumisas al poder temporal.</p>
-<p>Evidentemente, toda iglesia dependiente del poder nacional rechaza la verdadera unidad con otras iglesias de igual naturaleza, pues los intereses nacionales las convierten en meros actores diplomáticos. No existe nada tal como la 'Iglesia Oriental', no habiendo más que Iglesias nacionales separadas e aisladas, que reclaman <i>una unidad basada en una indiferencia amplia pero profunda, que no implique un vínculo orgánico y que no requiera asociaciones efectivas entre Iglesias concretas</i>. Esto, evidentemente, confronta con la naturaleza de Iglesia Universal necesaria, que se ha convertido en meramente en un concepto abstracto. Soloviov propone un reto a todo aquel que confronta, desde las iglesias de Oriente, al papado: mostrar la unidad de la Iglesia Universal aparte del Papa, que nombren una sola acción que haya afectado a la Cristiandad, sin tener en cuenta el papado.</p>
-<p>En palabras del filósofo, el contraste entre Oriente y Occidente se puede resumir en que, <i>mientras la Iglesia de Orente reza, la Iglesia de Occidente reza y trabaja</i>. Evidentemente, el ruso no critica la vida contemplativa, elevando la vida monástica más ascética (como aquellos monjes ortodoxos del Monte Athos), sin embargo apunta a la necesidad de la complementariedad entre ambos pulmones de la Iglesia Universal. Tal reconciliación, efectivamente, no implicaría nada nuevo, ni un cambio en su naturaleza o un repudio a su propia herencia, más bien por el contrario, se llama a restaurar el carácter universal de la fe por la reunificación con la únicamente verdadera Iglesia Universal: Roma.</p>
-<p>Como es lógico, la posición de Soloviov no fue bien recibida por sus compatriotas ortodoxos, que poco interés tenía en los puntos de encuentro que compartían con los hombres del Oeste, sino más bien se aferraban a sus diferencias. Pareciera que todo lo que constituye -para ellos- las iglesias de Oriente son negaciones de la Doctrina Católica: la Inmaculada Concepción, el <i>filioque</i>, el propio Papado, etc. Soloviov llegó a describir la ortodoxia como una <i>simple protesta nacional contra el poder universal del Papa</i>. Pero, ¿en qué nombre protestan? ¿bajo qué autoridad? ¿qué alternativa proponen? La única alternativa pareciera un Concilio Ecuménico entre las iglesias, sin embargo, desde la ruptura con Roma, las Iglesias Orientales no han sido capaces de convocar ni un solo concilio de tal naturaleza, y probablemente nunca lo hagan.</p>
-<p>Es llamativo también cómo cualquier cismático ortodoxo no tiene problema alguno en ver a cada obispo como un vicario de Cristo, sin embargo niegan esa misma calidad al Sucesor de Pedro. ¿Están estableciendo límites al poder de Cristo en su Reino? ¿aceptan que Cristo tiene autoridad para actuar a través de sus ministros en cualquier parte de su Reino Miliatnte, pero que Él entregase las Llaves del Reino a Pedro es ir demasiado lejos?.</p>
-<p>Así, el papado es la única autoridad eclesiástica 'supranacional' (usando terminología moderna deliberadamente en confrontación con la nacionalidad de sus iglesias, sin embargo el término correcto debiera ser universal ó católico) e independiente, única forma por la cual puede ser realizada la misión de la Iglesia. De hecho, la unidad en el Papa es la única forma de defender una unidad social universal, por encima de intereses nacionales y personales, es la única forma lógica de mantener una autoridad unitaria que sirva de guía hacia Dios, y es la única Iglesia que ha defendido con éxito la libertad del poder intemporal sobre el control del poder temporal. <i>Es la única Iglesia contra la cual no han prevalecido las puertas del Hades</i>.</p>
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+<p>Leyendo a Vladímir Soloviov (1853-1900), considerado por muchos como uno de las mayores pensadores de la historia (von Balthasar se refirió a él como el segundo, sólo después de Santo Tomás de Aquino, «mayor artista del orden y organización en la historia del pensamiento»), filósofo, teólogo, poeta, escritor, pensador político y crítico literario, amigo del mismísimo Fiódor Dostoyevski, me llamó la atención varios de los argumentos que dio, como ruso ortodoxo, a favor del papado. Argumentos interesantes venidos de un hijo de las iglesias ortodoxas y el pensamiento oriental.</p>
+<p>Si bien no me gusta emplear el término ortodoxo alegremente en referencia a estas iglesias, puesto que parece evocar, por mi parte, que la Iglesia Católica Apostólica y Romana no practica de la ortodoxia, hecho evidentemente erróneo. No obstante, para no liar terminológicamente, emplearé el vocabulario típico para distinguir la Iglesia Católica de las iglesias ortodoxas.</p>
+<p>El propio Soloviov defiende que el efecto más grave del cisma (el filósofo no elude el término, valga decir) es el cesaropapismo, es decir, el control de la Iglesia por parte de los poderes laicos. Históricamente, cada vez que los emperadores pretendían dirigir la Iglesia Oriental, los Padres acudían a Roma a pedir protección al Papa, que defendía su causa y vencía a los designios imperiales. Hasta que, llegado el cisma, las iglesias orientales se separaron de la comunión católica, entregando su libertad -desgraciadamente- a los poderes laicos. </p>
+<p>Cabe destacar además, que Roma es la única de la Pentarquía que ha quedado tras la caída de Constantinopla (1453). Habían sido conquistadas Jerusalén, Antioquía y Alejandría. Desde luego, episodios oscurísimos para la Cristiandad, que habrá que reconquistar en alguna ocasión, opino.</p>
+<p>La Iglesia rusa heredó el cesaropapismo de Bizancio, que habiendo cortado sus vínculos con Roma, se convirtió puramente en una Iglesia nacional, y es imposible que una iglesia así exista independientemente del control estatal. Este hecho es aplicable a cualquiera de las iglesias ortodoxas, que se forman así como se forman los estados y las naciones, justificándose así -dice Soloviov- que un estado ejerza supremacía sobre la autoridad intemporal debido a que ésta representa una iglesia nacional concreta. La verdadera libertad eclesiástica sólo es posible cuando la jerarquía de ésta está vinculada con el Reino de Cristo, es decir, con la Iglesia de Roma, que a diferencia de las iglesias nacionales, siempre ha mantenido su libertad eclesial. Esto también incumbe a la Iglesia Anglicana y ciertas Iglesias Protestantes, sumisas al poder temporal.</p>
+<p>Evidentemente, toda iglesia dependiente del poder nacional rechaza la verdadera unidad con otras iglesias de igual naturaleza, pues los intereses nacionales las convierten generalmente en meros actores diplomáticos. No existe nada tal como la 'Iglesia Oriental', no habiendo más que Iglesias nacionales separadas e aisladas, que reclaman <em>una unidad basada en una indiferencia amplia pero profunda, que no implique un vínculo orgánico y que no requiera asociaciones efectivas entre Iglesias concretas</em>. Esto, evidentemente, confronta con la naturaleza de Iglesia Universal necesaria, que se ha convertido en meramente en un concepto abstracto. Soloviov propone un reto a todo aquel que confronta, desde las iglesias de Oriente, al papado: mostrar la unidad de la Iglesia Universal aparte del Papa, que nombren una sola acción que haya afectado a la Cristiandad, sin tener en cuenta el papado.</p>
+<p>En palabras del filósofo, el contraste entre Oriente y Occidente se puede resumir en que, <em>mientras la Iglesia de Oriente reza, la Iglesia de Occidente reza y trabaja</em>. Evidentemente, el ruso no critica la vida contemplativa, elevando la vida monástica más ascética (como aquellos monjes ortodoxos del Monte Athos y la práctica totalidad de la espiritualidad oriental), sin embargo apunta a la necesidad de la complementariedad entre ambos pulmones de la Iglesia Universal. Tal reconciliación, efectivamente, no implicaría nada nuevo, ni un cambio en su naturaleza o un repudio a su propia herencia, más bien por el contrario, se llama a restaurar el carácter universal de la fe por la reunificación con la únicamente verdadera Iglesia Universal: Roma.</p>
+<p>Como es lógico, la posición de Soloviov no fue bien recibida por sus compatriotas ortodoxos, que poco interés tenía en los puntos de encuentro que compartían con los hombres del Oeste, sino más bien se aferraban a sus diferencias. Pareciera que todo lo que constituye -para ellos- las iglesias de Oriente son negaciones de la Doctrina Católica: la Inmaculada Concepción, el <em>filioque</em>, la primacía de Pedro, etcétera. Soloviov llegó a describir la ortodoxia como una <em>simple protesta nacional contra el poder universal del Papa</em>. Pero, ¿en qué nombre protestan? ¿bajo qué autoridad? ¿qué alternativa proponen? La única alternativa pareciera un Concilio Ecuménico entre las iglesias, sin embargo, desde la ruptura con Roma, las Iglesias Orientales no han sido capaces de convocar ni un solo concilio de tal naturaleza, y probablemente nunca lo hagan.</p>
+<p>Es llamativo también cómo cualquier cismático ortodoxo no tiene problema alguno en ver a cada obispo como un vicario de Cristo, sin embargo niegan esa misma calidad al Sucesor de Pedro. ¿Están estableciendo límites al poder de Cristo en su Reino? ¿aceptan que Cristo tiene autoridad para actuar a través de sus ministros en cualquier parte de su Reino Militante, pero que Él entregase las Llaves del Reino a Pedro es ir demasiado lejos?.</p>
+<p>Así, el papado es la única autoridad eclesiástica supranacional (usando terminología moderna deliberadamente en confrontación con la nacionalidad de sus iglesias, sin embargo el término correcto debiera ser universal ó católico) e independiente, única forma por la cual puede ser realizada la misión de la Iglesia. De hecho, la unidad en el Papa es la única forma de defender una unidad social universal, por encima de intereses nacionales y personales, es la única forma lógica de mantener una autoridad unitaria que sirva de guía hacia Dios, y es la única Iglesia que ha defendido con éxito la libertad del poder intemporal sobre el control del poder temporal. <em>Es la única Iglesia contra la cual no han prevalecido las puertas del Hades</em>.</p>
<cita>
<p>Como miembro de la Iglesia oriental u ortodoxa grecorrusa verdadera y venerable, que no habla ni a través de un sínodo anticanónico ni a través de los empleados del poder laico, sino a través de las palabras de los grandes Padres y Doctores, reconozco como juez supremo en materia de religión al que ha sido reconocido como tal por San Ireneo, San Dionisio el Grande, San Atanasio el Grande, San Juan Crisóstomo, San Cirilo, San Flavián, el santo Teodoreto, San Máximo el confesor, San Teodoro Studita, San Ignacio, y un largo etcétera, es decir, al apóstol Pedro, quien vive en sus sucesores y quien no escuchó las palabras del Señor en vano: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia'' (Mt. 16:18); ''fortalece tu hermandad'' (Lucas 22:32); ''alimenta a mi ganado, alimenta a mis ovejas» (Juan 21:15, 16, 17)</p><p>Vladímir Soloviov (1853-1900)</p>
</cita>
-
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